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lunes, 14 de abril de 2014

Tim Duncan y el amor.

En el baloncesto, como en la vida, hay amores de todos los tipos. Están los amores sufridos, que dejan herida y sufrimiento, (¡fans de los Wolves actuales!), los amores pasajeros e intensos, que no duran mucho pero en los que te lo pasas tan bien… (¿Quién no se enamoró de los Suns de D´Antoni o los Kings de Adelman?), los que son demasiado buenos para quererlos y disfrutarlos como se merecen (los haters de LeBron tenemos que levantar la mano bien alto) o los que por fortuna son para toda la vida (aquí cada uno que se las apañe con su equipo). Y como en la vida, en el baloncesto también hay equipos y jugadores que hacen por enamorarte y otros de los que simplemente te enamoras. Y en este segundo nivel nos encontramos con San Antonio Spurs, Greg Popovich y el protagonista de este artículo, Tim Duncan. Ay, los Spurs, la antítesis del espectáculo populista con estrellas sin tatuajes y que raramente salen en los Highlights. Pero eso da igual, porque encabezados por Tim Duncan y Greg Popovich, San Antonio se mantiene en la élite de la liga desde que muchos tenemos uso de razón.

Y como es primavera, la época del año en la que el amor es más protagonista, seguiremos hablando del amor. Y exactamente del romance que han mantenido durante tantos años Tim Duncan y el balón de baloncesto. Solo de pensar que otro deporte pudo impedirlo me entran escalofríos. Porque a los 13 años Tim despuntaba en las piscinas y no en las canchas y soñaba con ser olímpico en el agua y no con el balón. Sin embargo, una serie de infortunios y el miedo a los tiburones acabó con las aspiraciones acuáticas de Tim y dio con sus huesos en una pista de baloncesto con un esférico naranja en la mano. Y a partir de ahí fueron inseparables. Y a partir de ahí todo fue mágico. En la universidad se convirtió en uno de los mejores jugadores de su generación y fue elegido en el draft por San Antonio Spurs y en el número 1. Y a su historia de amor con el balón añadió otras dos. Los Spurs se convirtieron en el equipo de su vida mientras que Duncan convertía a los Spurs en el equipo de la vida de muchos. El juego de San Antonio Spurs y de Tim Duncan es un juego elegante y precioso pero solo para aquel que sabe disfrutarlo y apreciarlo. Rara vez encontraras un mate, casi imposible un alley oop. Pero nos recuerdan cada día que el baloncesto no es eso. No te pueden gustar los Spurs si no te gusta el baloncesto. Y el maestro Popovich se convirtió en su tercer amor. Son tan parecidos que todo se entiende. Trabajadores, responsables, con un  talento innegable y a los que les importa bien poco lo que digan los demás.
       
El matrimonio de Tim con el balón y el baloncesto vivió la temporada pasada una crisis. Parecía que todo había acabado. Cuando otra vez nadie contaba con ellos consiguieron meterse en la final de la NBA para enfrentarse con Miami que partía como favorito al título. San Antonio  viajaba a Miami con una ventaja de 3-2 y por lo tanto con dos oportunidades para conseguir su quinto título. El game 6 quedaría como uno de los mejores partidos de la historia de las finales y le daba a la serie un séptimo partido cuando nadie lo esperaba. San Antonio dominaba por tres puntos cuando en el reloj solo quedaban 15 segundos pero apareció Ray Allen para anotar lo imposible y el encuentro se fue a la prórroga con éxito para Miami. Y en el game 7… llegó el desastre para Tim Duncan. El momento en el que todo pareció romperse. El momento en el que el hechizo que mantenían Tim y el balón se rompió. Un movimiento como tantos debía convertirse en una canasta como tantas pero muy importante. Quedaban 42 segundos y San Antonio buscaba empatar el partido a 90. Y de pronto, la nada. Tim falló la canasta que había metido tal vez millones de veces. “El fallo me atormentará toda la vida” acertó a decir. Parecía que todo había acabado en ese instante, pero San Antonio y él lo han vuelto a hacer. Cuando nadie hablaba de ellos van a acabar la temporada regular como mejor equipo de la liga y quien quiera el título tendrá que ganar un partido en su casa. Casi nada.  

Supongo que es difícil decir que un jugador con 13 participaciones en el All Star, 2 MVP de la temporada, 3 de las finales y que ha sido nombrado ¡¡14!! veces en el mejor quinteto de la NBA ha estado y está infravalorado. Pero es el caso de Tim Duncan. ¿Cómo no va a ser el caso si aún se duda de que sea el mejor ala-pívot de la historia de la liga? ¿Karl Malone? ¿Kevin Garnett? ¿Dirk Nowitzki? Respeto para ellos, pero no. Tim Duncan ha superado a cada uno de ellos con bastante diferencia y eso es mucho decir. Por estilo, por elegancia, por calidad y por pasión es difícil encontrar a alguien que haya sido tan grande como Tim. Si, tal vez haya tenido suerte. Llegó al sitio perfecto y en el momento perfecto. Primero cuando se encontró jugando al lado de David Robinson y después porque fue Popovich el que encontró a Tony Parker y Manu Ginobili. Pero ha sido Tim Duncan el máximo estandarte de algo bonito y muy duradero en el tiempo. El estandarte de San Antonio Spurs. La cabeza visible de un equipo con 4 títulos en los últimos 15 años.  
           
Aun así y por desgracia, está cerca el día en el que Tim Duncan le entoné al balón el “This is the end, my only friend, the end…” Y todo se acabará. Se irá el jugador que más lo ha cuidado y que más cariño le ha dado en estos últimos tiempos donde imperaba la fuerza. Porque Tim lo lanzaba contra el tablero pero lo hacía de tal manera que el balón no golpeaba, deslizaba. Porque Tim lo ha botado mucho. Pero de qué manera lo hacía. La elegancia con el balón tiene nombre y tiene apellido: Tim Duncan.   


Esta cerca el día en el que Tim Duncan le entoné a los San Antonio Spurs y sus fans el “This is the end, beautiful friend…” y los aficionados de San Antonio no tendrán consuelo. Se retirará el mejor jugador de la historia de su franquicia. La pena les durará dos días. Después pensaran que Tim les ha dado los mejores momentos de su historia como franquicia y una cultura deportiva que probablemente jamás podrían haber imaginado. Tim Duncan les ha dado tanto…

Y está cerca el día en el que Tim Duncan y Greg Popovich dejen de ser sociedad. Yo señores, no quiero ni pensarlo.    

miércoles, 30 de mayo de 2012

San Antonio Spurs o como ser EL EQUIPO.

Mientras San Antonio Spurs ponía el 2-0 en su ya encarrilado camino hacia las finales de la NBA, Ricky Rubio colgaba este mensaje en la red de Twitter: Dictionary: Team; San Antonio Spurs... OMG! Y razón no le falta, San Antonio Spurs ha demostrado sobradamente ser el equipo con mayúsculas de estas series por el titulo. Dos barridas en primera y segunda ronda ante Utah y Los Ángeles Clippers y unas finales del Oeste que marchan 2-0 a su favor (amén de ya 20 triunfos seguidos), pero sobretodo la sensación de que lo hacen juntos, de que disfrutan golpeando lenta pero constantemente a los rivales como aquel boxeador que sabe que su mayor virtud esta en su fondo, en este caso no físico pero si de armario por la tremenda rotación que tienen. También dejan la sensación de que si un día no es un uno es otro, de que si no es Parker será Duncan, de que si no es Duncan será Ginobilli y de que si no es Ginobilli será el equipo.


Y a los mandos de esta maravilla de equipo esta una maravilla de entrenador, no iba a ser menos. El maestro Popovich, en mi opinión muchas veces subestimado como entrenador (no ahora, pero si en un pasado no muy lejano) que ha llevado de maravilla al equipo durante toda la temporada, enfocado en lo que realmente le importaba a él y por ende a sus chicos, el anillo. No le ha importado entregar partidos si a Tim Duncan, Manu Ginobilli o Tony Parker les tocaba descansar, antes la salud y el futuro que un partido poco trascendente de temporada regular (más si llevas 11 victorias consecutivas). También ha sido capaz de mantener en sintonía a jugadores no tan utilizados pero entregados a la causa, entregados en cuerpo y mente a la misión que su maestro les ha encomendado. Mención aparte el trabajo en los despachos. Nunca es difícil encontrar jugadores aprovechables en mitad de la temporada, la gerencia de San Antonio no solo encontró uno, sino dos (Boris Diaw y Stephen Jackson).    


A nadie se le escapa que estamos viviendo los últimos años de juego de Tim Duncan, para muchos el mejor ala-pívot de la historia. 4 anillos y 5 premios a mejor jugador sumando los de Regular Season y los de las finales de la NBA le contemplan y le convierten automáticamente en leyenda. Pionero por clase, por conceptos de juego y por fidelidad a un equipo que le ha dado tanto o mas como él les ha dado para mi su mayor logro no son sus cuatro anillos y otros premios. Su mayor logro, tuvo lugar nada más llegar a San Antonio Spurs como Rookie, cuando convirtió al equipo en suyo aún con la presencia de uno de los mejores pivots de la historia, el Almirante David Robinson. La asociación de estos dos gigantes les dio a los Spurs dos anillos antes de la retirada de Robinson.  


Y Manu Ginobilli y Tony Parker, que decir de ellos. Dos foráneos que parecen de Texas. Uno por garra y clase y el otro por inteligencia y calidad son historia viva de la franquicia. Pero detrás de ellos tres la lista es larga, jugadores a los que Popovich maneja perfectamente, a los que sabe implicar en ataque y defensa, en una final de Conferencia Oeste y en un partido de liga regular. Splitter, Diaw, Blair, Dany Green, el rookie Leonard, Jackson… todos jugadores clave en la rotación. La justa recompensa al juego colectivo de San Antonio esta temporada es el anillo. Para ello tendrán que romper la maldición del año par (1999, 2003, 2005 y 2007 sus anillos) y repetir en año de lock-out, nada imposible para el maestro Popovich y su mas que afinada orquesta.