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jueves, 14 de mayo de 2015

Como hemos cambiado

Permitidme que comience este articulo sobre Blake Griffin con un pasaje de un antiguo artículo que escribí sobre él, allá por el año 2012 y que me parece de suma importancia rescatar: “Va con el primero. Bota, flexiona piernas y lanza. También grita, justo cuando el balón sale de sus manos, como si se imaginara lo que iba a pasar. Su primer lanzamiento no toca ni tan siquiera aro, simplemente roza la red por fuera. Airball. Va con el segundo, mismo procedimiento y desgraciadamente para él mismo resultado, incluso peor”. Data esta pequeña historia, real como la vida misma de cuando Blake Griffin vivía una pesadilla cada vez que visitaba la línea de los tiros libres. Desgraciadamente para él, esta no fue la única vez que salió en los momentos deportivos de la semana por lanzar airball desde el 4.60, el arte más fácil y a la vez más complicado del baloncesto.
  
Era algo mucho más habitual de lo deseable y un síntoma de una enfermedad mayor: Blake Griffin no podía meter una canasta desde le media o larga distancia. Su mecánica de tiro era horrible y su rango se limitaba a los alrededores del aro. Obviamente empezaban a aparecer las dudas sobre el futuro. Griffin era una autentica bestia, un espécimen capaz de machacar en cada posesión pero ¿qué sería de él en el futuro si no era capaz de añadir a su repertorio un decente tiro de media distancia y unos movimientos para empezar a bailar en la pintura? Las defensas tomaban nota y le defendían a dos metros acrecentando aún más unas dudas que ya venían impuestas.

Parece mentira, y si no lo es solo puede explicarse por una mejora a través de duras sesiones de trabajo, que el chico al que se podía defender a dos metros sin excesiva preocupación, que coleccionaba airball en tiros libres y del que se decía, no sin cierta razón, que solo sabía machacar, sea Blake Austin Griffin. Y parece mentira porque el Griffin de 2015 es el jugador total. Sigue siendo una bestia cara al aro pero ahora ha añadido movimientos en la zona y un más que curioso tiro a media distancia. Además rebotea y ¡¡asiste!! Y aquí es donde vienen mis dudas… ¿por dónde empezar a explicar esta evolución?



Creo que lo mejor será hablar primero sobre la parte del juego que me motivó en 2012 a escribir sobre Blake Griffin: los tiros libres. Pueda parecer esta de los tiros libres una cuestión menor, pero sin duda no lo es. No es solo los puntos que te dejas en el camino (que se lo pregunten a su compañero DeAndre Jordan) sino la diferencia de confianza que recibe la mente del jugador después de anotar o fallar un tiro libre.

Como Blake Griffin ha estado en los dos extremos bien lo sabrá. Desde el inicio de su andadura en la liga el ala pivot de los Clippers ha vivido una intensa mejora en este apartado. Desde 52% de acierto en su segundo año en la liga al 73% de esta. Y no solo eso, sino una efectividad manifiesta cuando el balón arde en las manos: en el séptimo partido de la serie contra San Antonio Spurs se fue hasta un maravilloso 10/11, con un 76% de efectividad en el cómputo global de los siete partidos. Frente a los Rockets se mantiene en un 72.

El segundo punto a tratar, con especial mimo, es el rango de tiro porque es probablemente el mayor factor diferencial del Blake Griffin 2012 y el Blake Griffin 2015. En 2012, su tiro de media distancia distaba mucho de suponer un peligro real y regular para las defensas rivales. Hoy en día, si le flotas a cinco metros del aro, estas muerto. Como hemos cambiado. Y relación estrecha con este mejora, una de las muchas causas del efecto ha sido el cambio en la mecánica de tiro. Blake tira mucho más suelto, y no es esta una afirmación al azar sino una consecuencia visible de una mayor confianza y por supuesto de un arduo trabajo realizado, sobre todo, verano tras verano.

La progresión natural de Griffin, aun 26 años, hace temer a sus rivales sobre la opción de que incluso pueda convertirse en una amenaza más allá de la línea de tres puntos. Por ver está. Pero sería imparable.   

Y el tercer punto. Los pies. Esos que les permiten  habitualmente saltar por encima de rivales y destrozar canastas sin piedad empiezan a moverse, sin ser aun nada del otro mundo, empiezan a moverse con sentido debajo del aro. Es tal vez la faceta del juego en la que  Blake Griffin tiene más margen de maniobra, pero la cosa promete.  
  
Obviamente todo esto es fruto de un excelente e intenso trabajo, sobre todo en los meses de verano. "We got to the point where we were making 500-plus shots every day" decía Griffin sobre sus intensas jornadas de trabajo veraniego. 500 tiros cada día. El resultado lo vemos y disfrutamos hoy en día. Blake Griffin es una locura de jugador. No hay duda de que estamos viendo al mejor Blake Griffin de su carrera y además el funcionamiento del equipo está siendo maravilloso. ¿Hasta dónde puede llegar? ¿Cómo era aquello? Ah sí, no hay que ponerle puertas al campo y el de Blake Griffin crece día tras día. 

lunes, 6 de abril de 2015

¿Son candidatos reales los Clippers?

En el deporte profesional, y especialmente en una competición como la NBA donde hay 30 franquicias al acecho de un título, la oportunidad de vencer puede escaparse de los dedos tan fácilmente como ha  venido. Si tienes una posibilidad de alzar el título, aprovéchala porque nunca sabes cuándo va a regresar. Los Clippers llevan años buscando esa temporada en la que convertirse en algo más que un aspirante. Y tal vez su año haya llegado. La madurez deportiva de Chris Paul y Blake Griffin, el crecimiento defensivo de la bestia DeAndre Jordan, el fondo de armario y la presencia de un entrenador como Doc Rivers son factores que refuerzan de alguna u otra manera esa teoría. El equipo de Los Ángeles ha ganado 16 partidos de los 23 que ha disputado después del All- Star y ha presentado su candidatura pero, ¿son realmente candidatos al anillo los Clippers?

No voy a descubriros América: a poca gente le agradan los Clippers. Los aficionados de los equipos rivales les acusan de floppers y sucios y los jugadores a los que se enfrentan disfrutan viéndoles derrotados. Por eso nadie ha sentido mucha pena viendo frustrados los sueños de la franquicia de algo grande en los pasados años. Su experiencia en las últimas temporadas ha sido dura en cuanto a Playoffs se refiere. En la temporada 2011-2012, la primera con CP3 a los mandos vencieron a los Grizzlies en la primera ronda pero cayeron sin respuesta contra San Antonio. Al año siguiente Memphis Grizzlies se cobraría venganza en primera ronda y la temporada pasada eran los Clippers los que les apeaban en segunda ronda.  

Entonces, si los sueños de la franquicia no se han visto cumplidos en los últimos años, ¿Qué empuja a ser optimistas con estos Clippers? Son varias las razones. La primera de todas, por supuesto, Chris Paul. Acostumbrados como estamos a sus más que buenas temporadas, Chris Paul ha pasado a engrosar el listado de jugadores que están haciendo un muy buen año pero que no reciben el reconocimiento que deberían. Con 29 años parece en el momento álgido de su carrera en cuanto a madurez y físico se refiere: no se ha perdido aún ni un partido en lo que llevamos de curso, estadística muy reseñable para una carrera a veces lastrada por problemas físicos. Pero es hora de que responda donde ha fallado en ciertas ocasiones: las series por el título. Veremos si puede llevar al equipo al título.

Blake Griffin. Recuerdo cuando me decidí a escribir sobre él, hace ahora casi 3 años. ¿Cuánto ha cambiado y cuantas nuevas armas ha añadido a su juego desde ese momento? Incontables. De hecho, aquel artículo basaba la crítica en dos airball seguidos desde la línea de tiros libres. Este año está cerca de un 72% de acierto, aceptable para él. Acompañando esta mejora nos encontramos con su radio de tiro. No ha dejado de ser un destructor de aros pero puede salir a anotar y a hacer daño desde la larga distancia. Es ese paso adelante el que empuja a pensar en unos Clippers candidatos a todo. Cuenta además con una bestia a su lado. Una autentica bestia.

DeAndre Jordan. La defensa de la zona pintada que hace el jugador de Houston es simplemente espectacular. En la Conferencia Oeste es muy importante contar con la figura del rim protector, tanto para dominar el rebote como para molestar y a ser posible taponar a los penetradores feroces cuyos ejemplos tenemos a decenas en el Oeste. La amenaza del Hack- A- DeAndre parece que va a estar ahí de por vida pero lo que está claro es que Doc Rivers cuenta con un feroz defensor y un bestial matador al que lanzar balones por encima del aro.



El fondo de armario. Esta cuestión no es menor. Los Clippers acabaron por fin con la cuestión de los pivots suplentes. Llegó a ser DeAndre Jordan, Blake Griffin y después la nada. Bueno, Reggie Evans. Ahora Glen Davis y Spencer Hawes, sin ser nada del otro mundo, le dan otro color al banquillo angelino. Matt Barnes, Jamal Crawford, Hedo Turkoglu y J.J. Redick dan a los Clippers una experiencia en las posiciones exteriores muy importante y necesaria en los Playoffs y Austin Rivers le pone el toque picante a la mezcla. Pero en definitiva unos escuderos y una segunda unidad que no peinan canas pero las intuyen. Es por eso que tal vez deba ser este el año de los Clippers o no lo será nunca.

Además cuentan con el factor Doc Rivers. Tener un entrenador reputado y con experiencia en los Playoffs puede ser la diferencia entre una victoria o una derrota. El anillo conseguido en los Celtics le avala. Los entrenadores también pierden y ganan partidos y eso en una serie de Playoffs hace una gran diferencia.   

¿Y que nos puede frenar a la hora de coronar a los Clippers como máximo candidato al título? Lo primero la dureza del Oeste. El equipo del Oeste que quiera representar a la conferencia en las finales por el anillo deberá superar con total seguridad tres series complicadas. A falta de discernir el último puesto, los Clippers se verán acompañados en su brutal viaje por Warriors, Rockets, Grizzlies, Spurs, Mavs y Blazers. Abróchense los cinturones porque vienen curvas. Otra cosa que nos puede echar para atrás es que los Clippers nunca han demostrado tener un gen ganador. Jamás ha superado la franquicia las semifinales de conferencia por lo que puede ser complicado imaginar un viaje directo hacia el anillo. Sea como sea, estamos a punto de descubrir si los Clippers pueden plantar cara a las grandes potencias y pueden luchar por su primer título.  

lunes, 12 de mayo de 2014

El corazón de Chris Paul.

Cuarto partido de las Semifinales de la Conferencia Oeste entre Los Angeles Clippers y Oklahoma City Thunder con ventaja en la serie para OKC 2-1. Los Clippers, contra las cuerdas antes del partido parecen quedarse poco a poco sin opciones de igualar la serie porque la lanza de dos puntas que es OKC domina a placer. Russell Westbrook y Kevin Durant. Kevin Durant y Russell Westbrook. Ventaja de 15 en el último cuarto y la eliminatoria destinada a un 3-1 insalvable para el equipo de Doc Rivers. Hasta que alguien decide que puede secar al MVP de la liga. No es Matt Barnes ni Danny Granger. Es el gigante de 1.83 de altura Chris Paul. Han leído bien, gigante. Se cuentan con los dedos de la mano los casos de jugadores en los que el tamaño de su valentía es superior a todo. El caso de CP3 es el ejemplo más claro. Ayer no se movían sus brazos, se movía su corazón. Ayer no eran sus piernas las que corrían detrás de Kevin Durant, era su corazón.

El chico que se propuso ayer frenar a Durant con éxito, consiguió años atrás honrar a su fallecido abuelo con 61 puntos (la misma edad con la que había muerto su querido abuelo). Metió 61, fallando un último tiro libre aposta para no estropear su precioso homenaje. Los que su corazón quería. Ni uno más ni uno menos. Los hechos nos hablan pues de un jugador descomunal en lo emocional que ofrece su corazón en cada juego sin importarle si delante tiene al mismisimo Dwight Howard (el que molaba, el de la época de Orlando). Su enfrentamiento con Pau Gasol por tocarle la cabeza habla de un jugador sin más estatura que la de su corazón y que así quiere que se le trate. Su juego es la máxima expresión del esfuerzo y del talento. Un jugador que anota, asiste, rebotea y defiende. Un base 2.0. 

Chris Paul nos malacostumbró, cada día lo tengo más claro. Sus actuaciones heroicas un día sí y otro también cuando vestía los preciosos colores de New Orleans Hornets no deberían caer jamás en el olvido pero tampoco nos deberían cegar para valorar en su justa medida lo que hace ahora. Chris Paul lleva siendo el mejor base de la NBA seis años y lo peor de todo es que lo seguimos discutiendo. En su paso por los Hornets convirtió partidos extraños (por increíbles) en habituales aunque solo él fuera capaz de hacerlos. Partidos en los que lo normal era 30 puntos, 15 asistencias y 5 robos. Noche tras noche. El líder natural que es CP3 mantuvo a flote una franquicia azotada brutal y cruelmente por el huracán Katrina que ni siquiera pudo jugar en su propio pabellón más allá de tres partidos. La mudanza a Oklahoma, que cosas tiene la vida, no ocultó que el chico sería grande. El primer año se llevó el Rookie of the Year y al tercero consiguió meter a los Hornets en Playoffs en una temporada memorable a la que solo los Spurs pusieron fin. En sus primeros Playoffs dio auténticas exhibiciones inenarrables en un artículo. Merece la pena verlas. Como siempre nos quedaran los números, ahí  van: 25 puntos, 11 asistencias, más de 2 robos y un 50% en tiros de campo. Fue sin duda su punto álgido en su primera franquicia NBA.

Su paso a los Clippers supuso muchas cosas tanto para él como para la liga y vino precedido de un traspaso fallido a los Lakers, anulado por “razones baloncestísticas”. Los Clippers, equipo poco querido donde los haya le hicieron recoger un papel de antihéroe que probablemente no merecía. De salvador (en el amplio sentido de la palabra) de una franquicia y unos aficionados que habían sufrido uno de los peores desastres naturales de la historia de los Estados Unidos a una de las caras visibles de un equipo perdedor y odiado que no despertaba ningún tipo de simpatía. Se encontró en un equipo que además no requería de un milagro continuo de Chris Paul para ganar sus partidos. Y se encontró por último con el crecimiento de una estrella llamada Blake Griffin. En resumen, bajaron sus números y disminuyeron sus milagros. Sobrevivió su efectividad y siguió reinando su corazón. Larga vida para CP3. El mejor base de la liga.

            

domingo, 13 de mayo de 2012

El futuro de una bestia.


Primero pongámonos en situación. Staples Center, uno de los santuarios del baloncesto NBA, se enfrentan en partido de Liga Regular Los Ángeles Clippers y los Atlanta Hawks. Quedan en el reloj 5:45 para llegar al descanso y Blake Griffin se dirige a la línea de tiros libres. Va con el primero. Bota, flexiona piernas y lanza. También grita, justo cuando el balón sale de sus manos, como si se imaginara lo que iba a pasar. Su primer lanzamiento no toca ni tan siquiera aro, simplemente roza la red por fuera. Airball. Va con el segundo, mismo procedimiento y desgraciadamente para él mismo resultado, incluso peor. Esta vez no grita, flexiona su cabeza hacia atrás y se lamenta. Acaba de hacer un ridículo espantoso delante de su público. No era la primera vez que le pasaba. A bote pronto ha realizado airballs en tiros libres contra San Antonio, Portland o Utah. Su porcentaje en tiros libres es bastante malo (exactamente un 52% esta temporada) por ser generosos, pero dos airballs consecutivos es un espectáculo horroroso.

Su tiro en juego a media distancia también deja mucho que desear, eso cuando se atreve a lanzarlo. Habitual es ya ver a sus defensores flotándole (sin ir mas lejos en el partido 5 contra Memphis se lesiono por tener que ir a buscar la penetración ante la flotación descarada de Marc Gasol que le provocaba para que tirase). Su juego de espaldas a canasta es al menos igual de limitado que su tiro, y la sensación al verle botar el balón en carrera es que en cualquier momento el se escapara por la línea de banda. Eso quiere decir que las amenazas ofensivas de Blake Griffin quedan limitadas siempre a su potente juego físico todavía mas potenciado por la capacidad de Chris Paul para lanzar pases fantásticos a los que solo Blake puede llegar, y también para correr el contraataque.  

Pero, ¿Qué posibilidades tiene de permanecer como una estrella en una liga tan competitiva como la NBA un jugador que tiene un tiro tan nefasto, amen de otras limitaciones ofensivas importantes? Obviamente, como he mencionado antes a nadie se le escapan las capacidades físicas de Blake Griffin. Con 23 años es lo que vulgarmente podríamos llamar una autentica bestia. Salta, machaca, coge rebotes y además siendo el líder de su equipo. Pero, el físico es lo que primero nota la cantidad de partidos jugados temporada tras temporada, y mas si eres un jugador que lo empleas constantemente. Aparecen lesiones, golpes, problemas que pueden aparecer constantemente a lo largo de su carrera. Así que Blake Griffin debe de planteárselo seriamente de cara al futuro, o al menos alguien debe hacer que se lo plantee. Por su bien, debería empezar a mejorar el tiro, porque su juego físico se vería tremendamente potenciado teniendo también la amenaza de un tiro a media o larga distancia.

Nadie duda que Blake Griffin sea en la actualidad una superestrella en la NBA (sus promedios son espectaculares en puntos y rebotes). Pero si con 30 años pretende seguir siendo una superestrella debería empezar a trabajar conceptos ofensivos de una manera minuciosa. Lo mejor para él es que tiene mucho tiempo para hacerlo ya que apenas tiene 23 años. Esperemos que también tenga ganas, si no la pesadilla del partido contra Atlanta tristemente se repetirá más de una vez.