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jueves, 11 de junio de 2015

¿Por qué Dellavedova está teniendo éxito en la defensa sobre Curry?

El factor X. El australiano Matthew Dellavedova ha asaltado por sorpresa y por la fuerza las Finales de la NBA y ha conseguido  dos cosas inesperadas antes del salto inicial del primer partido: 1. Tener absolutamente desesperado y fuera de ritmo al MVP de la temporada 2014-2015 y 2. Tener a su equipo (LeBron mediante por supuesto) mandando por 2-1 cuando se cuentan con los dedos de la mano las personas que daban un duro por ellos.

Dellavedova es la cara del cambio. Cleveland está marcando la diferencia en la defensa. Las finales han tornado en un duelo equipo defensivo Vs. equipo ofensivo con la presencia del mejor jugador del mundo, LeBron, en el defensivo. Y ese duelo equipo defensivo contra ofensivo lo hemos visto otras muchas ocasiones saldándose con el éxito del equipo perteneciente al primer grupo. Pero ¿Cómo se ha convertido Cleveland en una pesadilla para los Warriors a nivel defensivo?

Parece obvio que el guion de las finales hubiera cambiado de contar Cleveland con Irving y con Love (otro saludo para Varejao), pero todas esas bajas han cambiado el guion previsto hasta límites insospechados. La presencia de Dellavedova por Irving y la capacidad reboteadora del ofensivamente torpe Thompson han puesto en serias dificultades a los mega favoritos Warriors.

La relación Dellavedova- Curry me recuerda, y no puedo evitarlo, a la relación Allen- Durant cuando se han enfrentado Grizzlies y Thunder en Playoffs y Tony ha intentado, con cierto éxito, parar a Durant. Dellavedova está instalado en la cabecita de Curry y va a luchar para quedarse hasta el final de la NBA. Steph, el tipo más rápido del universo del baloncesto sufre para sacar un tiro claro y Dellavedova está convirtiendo los tiros difíciles que Curry suele anotar con facilidad en imposibles. Los números son excepcionalmente claros en este sentido y marcan la diferencia cuando Curry es defendido por Delly o cuando lo intenta cualquier otro miembro de la plantilla de Cavs. 


Pero, ¿por qué consigue Dellavedova desesperar a Curry, al mejor jugador de la temporada NBA? Primero por la persistencia y la capacidad de reacción. Dellavedova está consiguiendo tapar tiros después de hasta tres movimientos del tipo más rápido de la NBA. 


Primera opción de tiro. Curry no puede lanzar y busca el movimiento. 


Después del movimiento, segunda opción de tiro. Dellavedova sigue encima.



Otro movimiento y tiro. Dellavedova aún puede molestar. Tiro fallado.

La defensa de la línea de pase está siendo otro punto clave en la defensa de Delly a Curry. Evitar que la estrella del equipo contrario reciba es probablemente la tarea más complicada defensivamente hablando. Todos le buscan, todos quieren que reciba. Dellavedova ha estado brillante en la línea de pase, evitando que reciba o al menos complicándole la recepción. 


(Os prometo que lleva unos 6-7 segundos así, sin darle una opción para que reciba).

Otro punto importante es la utilización del cuerpo. Cuerpo, cuerpo, cuerpo. El contacto físico contra un jugador como Curry, poco físico, es importante. Y Dellavedova está siendo una lapa, de la que Curry no se está pudiendo separar.  



El balón a cinco metros. Él chocando con Curry. Desgaste y más desgaste. Curry lo nota.

Y por último y tal vez la razón más importante del éxito defensivo de Dellavedova es el factor huevos. HUEVAZOS. Este chico, se los está echando. 


¿Alguien duda de que se va a llevar el balón?

La serie avanza y los Warriors son el mejor equipo de la NBA, por lo que pueden darle la vuelta sin lugar a dudas. Pero no siempre gana el mejor. A veces también ganan los cojones. Los de Dellavedova. Veremos.  

* Por aquí os dejo los dos partidos de Dellavedova. Game 2 y game 3 

https://www.youtube.com/watch?v=Op04VjvcpBY

https://www.youtube.com/watch?v=zwTAyByZnWc


jueves, 14 de mayo de 2015

Como hemos cambiado

Permitidme que comience este articulo sobre Blake Griffin con un pasaje de un antiguo artículo que escribí sobre él, allá por el año 2012 y que me parece de suma importancia rescatar: “Va con el primero. Bota, flexiona piernas y lanza. También grita, justo cuando el balón sale de sus manos, como si se imaginara lo que iba a pasar. Su primer lanzamiento no toca ni tan siquiera aro, simplemente roza la red por fuera. Airball. Va con el segundo, mismo procedimiento y desgraciadamente para él mismo resultado, incluso peor”. Data esta pequeña historia, real como la vida misma de cuando Blake Griffin vivía una pesadilla cada vez que visitaba la línea de los tiros libres. Desgraciadamente para él, esta no fue la única vez que salió en los momentos deportivos de la semana por lanzar airball desde el 4.60, el arte más fácil y a la vez más complicado del baloncesto.
  
Era algo mucho más habitual de lo deseable y un síntoma de una enfermedad mayor: Blake Griffin no podía meter una canasta desde le media o larga distancia. Su mecánica de tiro era horrible y su rango se limitaba a los alrededores del aro. Obviamente empezaban a aparecer las dudas sobre el futuro. Griffin era una autentica bestia, un espécimen capaz de machacar en cada posesión pero ¿qué sería de él en el futuro si no era capaz de añadir a su repertorio un decente tiro de media distancia y unos movimientos para empezar a bailar en la pintura? Las defensas tomaban nota y le defendían a dos metros acrecentando aún más unas dudas que ya venían impuestas.

Parece mentira, y si no lo es solo puede explicarse por una mejora a través de duras sesiones de trabajo, que el chico al que se podía defender a dos metros sin excesiva preocupación, que coleccionaba airball en tiros libres y del que se decía, no sin cierta razón, que solo sabía machacar, sea Blake Austin Griffin. Y parece mentira porque el Griffin de 2015 es el jugador total. Sigue siendo una bestia cara al aro pero ahora ha añadido movimientos en la zona y un más que curioso tiro a media distancia. Además rebotea y ¡¡asiste!! Y aquí es donde vienen mis dudas… ¿por dónde empezar a explicar esta evolución?



Creo que lo mejor será hablar primero sobre la parte del juego que me motivó en 2012 a escribir sobre Blake Griffin: los tiros libres. Pueda parecer esta de los tiros libres una cuestión menor, pero sin duda no lo es. No es solo los puntos que te dejas en el camino (que se lo pregunten a su compañero DeAndre Jordan) sino la diferencia de confianza que recibe la mente del jugador después de anotar o fallar un tiro libre.

Como Blake Griffin ha estado en los dos extremos bien lo sabrá. Desde el inicio de su andadura en la liga el ala pivot de los Clippers ha vivido una intensa mejora en este apartado. Desde 52% de acierto en su segundo año en la liga al 73% de esta. Y no solo eso, sino una efectividad manifiesta cuando el balón arde en las manos: en el séptimo partido de la serie contra San Antonio Spurs se fue hasta un maravilloso 10/11, con un 76% de efectividad en el cómputo global de los siete partidos. Frente a los Rockets se mantiene en un 72.

El segundo punto a tratar, con especial mimo, es el rango de tiro porque es probablemente el mayor factor diferencial del Blake Griffin 2012 y el Blake Griffin 2015. En 2012, su tiro de media distancia distaba mucho de suponer un peligro real y regular para las defensas rivales. Hoy en día, si le flotas a cinco metros del aro, estas muerto. Como hemos cambiado. Y relación estrecha con este mejora, una de las muchas causas del efecto ha sido el cambio en la mecánica de tiro. Blake tira mucho más suelto, y no es esta una afirmación al azar sino una consecuencia visible de una mayor confianza y por supuesto de un arduo trabajo realizado, sobre todo, verano tras verano.

La progresión natural de Griffin, aun 26 años, hace temer a sus rivales sobre la opción de que incluso pueda convertirse en una amenaza más allá de la línea de tres puntos. Por ver está. Pero sería imparable.   

Y el tercer punto. Los pies. Esos que les permiten  habitualmente saltar por encima de rivales y destrozar canastas sin piedad empiezan a moverse, sin ser aun nada del otro mundo, empiezan a moverse con sentido debajo del aro. Es tal vez la faceta del juego en la que  Blake Griffin tiene más margen de maniobra, pero la cosa promete.  
  
Obviamente todo esto es fruto de un excelente e intenso trabajo, sobre todo en los meses de verano. "We got to the point where we were making 500-plus shots every day" decía Griffin sobre sus intensas jornadas de trabajo veraniego. 500 tiros cada día. El resultado lo vemos y disfrutamos hoy en día. Blake Griffin es una locura de jugador. No hay duda de que estamos viendo al mejor Blake Griffin de su carrera y además el funcionamiento del equipo está siendo maravilloso. ¿Hasta dónde puede llegar? ¿Cómo era aquello? Ah sí, no hay que ponerle puertas al campo y el de Blake Griffin crece día tras día. 

viernes, 10 de abril de 2015

Cuando el sol más calienta

15 de junio de 2014. San Antonio Spurs levanta el título de campeón de la NBA después de vencer el quinto partido de las finales frente a su verdugo del año anterior, Miami Heat y su superestrella LeBron James. En verano, LeBron toma la decisión de regresar a casa. Ello supone un terremoto en la Conferencia Este que completaría la llegada a Cleveland de Kevin Love. San Antonio Spurs mientras, se mantiene otro verano más en calma,  conocedores de que el trabajo ya estaba hecho y que el único objetivo debía ser estirar el chicle un año más, mantenerse sanos para volver a  aspirar a otro anillo. Dos veranos diametralmente opuestos vivieron los protagonistas de este artículo. Cleveland Cavaliers vivía una temporada baja llena de emociones y se convertía, aún con las reservas necesarias de un nuevo proyecto, en candidato absoluto al triunfo final. San Antonio ya lo era y solo debía recargar las baterías de cuerpos veteranos como Tim Duncan, Tony Parker o Manu Ginobili.

Con estas sensaciones llegaba el inicio de la temporada 2014-2015 y como siempre los analistas y aficionados se lanzaron a la aventura de descifrar y adivinar el posible campeón. Por supuesto, los Cavs y los Spurs dominaban las quinielas. ¿Y cuántas de ellas hubo de encontrar la basura rotas a mediados de enero? Se debieron de contar por millones. El inicio de los Cavs había sido como el bebé que comienza a andar. Pasos y caídas. Pasos y caídas. El 13 de enero el record de Cleveland mostraba un proyecto inacabado y LeBron era claro: “es imposible ganar así”. 19-20 y muchas dudas sobre el papel de dos de los componentes de Big Three, Kevin Love y Kyrie Irving. Muchísimas más sobre el resto de complementos. A la misma fecha la situación en el equipo de Popovich no era tan complicada pues el record (23-16), era decente pero las sensaciones (dudas, lesiones, competitividad en el salvaje Oeste), hacían añorar al equipo que había maravillado apenas unos meses atrás.

Por esas fechas Atlanta Hawks y Golden State dominaban la liga con puño de hierro e hilaban increíbles rachas de victorias. Parecía que un cambio de tendencia se avecinaba en la NBA. San Antonio era absorbido por la frescura de Curry, la solvencia de Marc Gasol, el instinto asesino de Harden o la profundidad de los Clippers. En el Este todo eran alabanzas para los Hawks y su espectacular forma de jugar. El apelativo de “Los nuevos Spurs” era pues una amenaza tanto para la franquicia de San Antonio como para los Cavs. Incluso plantillas jóvenes como Wizards y Raptors o reforzadas como la de los Bulls parecían más candidatas a llegar lejos en las series por el título. Pero cercanas ya esas mismas series parece que todo ha cambiado.

A mediados de abril Cleveland Cavaliers y San Antonio Spurs vuelven a lucir como máximos candidatos al anillo. Todos años la misma historia. ¿Se va a caer San Antonio Spurs? ¿SE VA A CAER SAN ANTONIO SPURS? Tal vez esta temporada parecía la más indicada para que eso sucediera. Después de un anillo y  con problemas de lesiones para empezar la temporada no eran pocos los que apostaban que está vez los Spurs no iban a llegar. Error. Una y otra vez error. Desde el 27 de febrero han conseguido un record de 19-3 pero lo más impresionante y lo que ha debido de asustar a los rivales han sido las sensaciones. Spurs tiene en su mano una racha de nueve victorias consecutivas en las que no han conocido un resultado que no superara la decena de puntos de diferencia. Asustan otro año más con un Kawhi Leonard al que ya no se puede considerar otra cosa que estrella de la liga y con un colectivo que jamás falla en los momentos decisivos. Los Spurs son en la actualidad y con mayúsculas, el equipo que nadie quiere ver en Playoffs y tienen opciones incluso de acabar segundos en la Conferencia Oeste.



Los Cavaliers han vivido una aventura semejante pero muy diferente a la vez. Convencidos por los resultados de que los cambios del verano no habían sido suficientes para construir una plantilla al nivel de las mejores, los traspasos entraron en escena. Mozgov llegó desde Denver como la presencia interior que necesitaban y J.R. Smith e Iman Shumpert reforzaban un perímetro que se quedaba algo corto. A partir de ahí y con el ingrediente necesario del paso de los partidos para que Blatt conjuntase a todo el equipo, los Cavs han volado por encima del radar pero han sido impresionantes. Desde el 15 de enero han establecido una marca de 32 victorias y solo 7 derrotas. Así que después de leer teorías sobre el supuesto bajón físico de LeBron o de comprobar que Kevin Love se ha convertido casi en única y exclusivamente  un tirador de tres, los Cavs parecen la opción más segura para llegar a las finales de la NBA, incluso por encima de Atlanta Hawks.

Los San Antonio Spurs de todos y los Cleveland Cavaliers de LeBron James, Kevin Love y Kyrie Irving. Dos equipos opuestos pero a los que les une una historia y la ilusión de un anillo. El primero para LeBron James en Cleveland coronando su vuelta como tal vez se merezca o el quinto de los Spurs para redondear la historia de un equipo que jamás tendrá comparación.

lunes, 2 de junio de 2014

La cotidianidad de un abuso.

Noche tras noche. Partido tras partido. LeBron James lleva dominando la NBA la friolera de 11 años. Algunos no lo quisimos ver y cuando lo vimos lo negamos hasta la saciedad. “No, no y no. LeBron es solo físico” decíamos cuando había demostrado por activa y por pasiva un control sobre el juego nunca antes visto. “No, no y no. LeBron se hace pequeño cuando el balón quema” argumentábamos cuando ya nos había dejado varios lanzamientos milagrosos, de esos que no se sabe como entran. Esas y otras miles de razones que saciaban nuestras ansias de buscar una excusa, saciaban nuestras ansias de no reconocer que un jugador de 2.03 y 113 kilos y que abusa en todas las zonas de la cancha de sus capacidades es un animal imparable. Pese a que conseguía los MVP con una solvencia insultante, teníamos a lo que agarrarnos. Los cero títulos y su show para ir a Miami, nos dieron aire.
  
Los no amantes de LeBron esperamos hasta el último momento para rendirnos a sus pies. Las finales de 2011 contra Dallas fueron una última liana a la que agarrarse en medio de un bosque que él ya había quemado hacía tiempo. El primer año de Bosh, Wade y LeBron jugando juntos en Miami acabó de la peor manera posible, con Dallas coronado como campeón cuando nadie lo esperaba y con un  James desesperado y decepcionado. Pero el de Akron se encargó de cortar la liana a la que nos agarrábamos muy pronto. Subió su nivel (si es que era posible) y disipó la rebelión de Durant y OKC para hacerse con su primer título NBA. La bofetada a sus críticos resonó en todo el mundo. La otra parte de la cara la recibió el año pasado cuando repitió anillo y MVP contra los veteranos, y a la vez tan jóvenes, Spurs.
    
Ahora, clasificado para su quinta final de la NBA, en busca de su tercer anillo consecutivo y con los bolsillos llenos de distinciones individuales nadie duda de él. No se puede. Le veo jugar y una sensación terrible me recorre el cuerpo: LeBron James ni siquiera juega al 100% en muchos partidos. Solo cuando lo necesita o lo que es peor, cuando le apetece. Aun así no le cuesta meter 30 puntos, coger 10 rebotes, hacer 8 asistencias o  dominar desde la defensa. Jamás, ni con mi adorado Kobe Bryant, he tenido la sensación de que si jugase todo el rato al tope de sus posibilidades, en 99 de cada 100 disputas no habría ninguna opción para el rival. Ninguna. Se ha instaurado en una línea de rendimiento de la que es difícil, por no decir imposible, verle bajar. Y tal vez eso es lo mejor que se puede decir de él. Se ha convertido en un reloj suizo que solo “falla” para marcar horas más altas: por ejemplo los 49 puntos en el cuarto partido de la serie contra Brooklyn.

Cuando empiece la final frente a los Spurs todas las cámaras volverán a estar pendientes de él, de cada movimiento, de cada tiro fallado o de cada músculo exhibido. No creo que le importe mucho, al fin y al cabo lleva siendo objetivo desde la juventud, desde que jugaba con su instituto y la NBA suspiraba por sus huesos. No ha debido ser fácil para él y tal vez de aquellos polvos vinieron los lodos en los que se metió cuando convirtió su futuro deportivo en un espectáculo televisivo.
   

Ahora, más de una década después de su llegada a la liga, ya se lo que pasó. Ya sé que es lo que me impidió disfrutar de él desde el momento cero. No estaba preparado para ver este tipo de dominio. No estaba preparado para ver el jugador total. No estaba preparado para ver como un jugador dominaba la liga de manera diferente a como lo habían hecho Michael Jordan y Kobe Bryant. No estaba preparado para entrar en una época de dominio 2.0. No estaba preparado para el baloncesto del futuro que LeBron James exhibe tan bien en el presente. Y en perspectiva me duele. Me duele porque no he disfrutado con los records de LeBron. Porque me he pasado más tiempo criticándole que disfrutándole.

Asi que supongo que siempre tendré a LeBron como una de esas relaciones difíciles de amor- odio.       

jueves, 8 de mayo de 2014

Klay y Stephen, ¿la mejor pareja tiradora de la historia?

Tengo 21 años y llevo algo más de una década siguiendo y viendo NBA. He crecido baloncestísticamente con Kobe y no con Jordan. Con O´Neal y no con Olajuwon. Con los Kings de Adelman o con los  Suns de D´Antoni. Mis primeros recuerdos de un gran tirador son de Stojakovic. Desgraciadamente no conozco ni la mitad de la historia de la NBA pero últimamente me ando y me andan convenciendo de algo que voy a exponer de momento en forma de pregunta: ¿son Klay Thompson y Stephen Curry la pareja de tiradores más elegantes y letales que han coincidido nunca en un mismo equipo? El escolta y el base titulares de Golden State Warriors han convertido en un arte la acción de tirar desde detrás de la línea. De todas las formas imaginadas e inimaginables ellos se levantan, disparan y la mayoría de las veces anotan.

Son como Zipi y Zape. Sobre Klay Thompson, el menos reconocido de la pareja ya escribí: “Levanta sus 201 centímetros de altura en absoluta extensión, sin ninguna duda que agarrote su cuerpo. No duden, si está solo es canasta”. Ver un tiro a cámara lenta de Klay Thompson es como si el espíritu santo te viniese a ver. La posición de su cuerpo es perfecta, en completa extensión mirando a su objetivo, la canasta. Sus brazos en posición y sus dedos gordos dibujando la L perfecta en el balón. La que enseñan en las escuelas. La que fabrica tiradores letales amen de horas y horas de práctica. Y para acabar la manita tonta que es el preludio del sonido de la red. Técnicamente en mi opinión  tiene el  tiro más puro que jamás he visto. Y los números refrendan que, además de elegante, es un excelente tirador:
  •      Klay Thompson tiene un 41% de acierto desde la línea de tres puntos en sus tres primeras campañas en la NBA.
  •      Es el jugador que más pronto ha llegado a los 500 triples en su carrera en la NBA (500 en 214 partidos).
  •      En sus tres primeras temporadas no ha parado de crecer en ese aspecto: 111 triples en la primera temporada, 211 en la segunda y 223 en la tercera.    

Y si el uno es Zipi, el otro es Zape. ¿Qué no se ha escrito de Stephen Curry? El chico de oro. El asesino con cara de niño. El jugador que puede meter el balón desde cualquier sitio de la cancha. Un chico que algún día pareció tener los tobillos de cristal y que hoy parece recubierto de oro macizo. Empecemos con los números esta vez:
  •        Stephen Curry ha metido 905 triples en su carrera.
  •        Tiene un 44% de acierto en sus cinco temporadas en la NBA y jamás ha bajado del 42% en toda su carrera.
  •        Tiene el record triples en una temporada.
  •        Es el único jugador que ha conseguido al menos 250 triples en temporadas consecutivas.

Un aluvión de récords y estadísticas que ni siquiera pueden hacer justicia a la clase de tirador que el genio de los Warriors es. Un tirador estratosférico que lanza con la misma facilidad al contraataque, después de salir de bloqueos o en la esquina cayéndose. Él se levanta con confianza de que el resultado va a ser muchas veces positivo. El arco perfecto pase lo que pase ante él. A Curry le podría caer Hibbert encima y su lanzamiento  seguiría rozando el cielo y bajando con nieve. Stephen Curry danza por la pista suave, sin hacer ruido salvo cuando acoge el balón en sus manos. Como cuando metió 54 en el Garden o cinco triples en el primer cuarto en partido de Playoffs ante los Clippers. Cada año mejor. Cada año más imparable. Curry ha crecido de la mano de Mark Jackson al que tenía en alta estima así que habrá que ver como sigue su crecimiento ya sin el ex jugador a los mandos de la franquicia de Oakland.   
        

Después de esta recopilación de datos y sensaciones solo me queda volver a hacer la pregunta: ¿son Klay Thompson y Stephen Curry la pareja de tiradores más elegantes y letales que han coincidido nunca en un mismo equipo? Yo digo sí.  

martes, 29 de abril de 2014

Hibbert y el sufrimiento.

¿Cómo decir donde te has escondido? ¿Cómo explicar que un día entraste en otra dimensión de la que aún no has salido? ¿Cómo contarnos que no eres feliz jugando al deporte que hace tres meses dominabas? ¿Como hablar de que no puedes meter una canasta, coger un rebote o poner un tapón desde tus 220 centímetros de altura? ¿Como poder confesar lo inconfesable? Roy Denzil Hibbert sufre. Mientras sus actuaciones individuales generan miles de comentarios críticos en las redes sociales su mente quiere llorar porque aun no entiende en que momento inició el camino de imparable a caricatura, de estrella a hazmereir. Su rostro es la mejor muestra de que no entiende nada, de que no sabe a donde fueron sus tapones, su habilidad con las manos o sus ganas de coger rebotes. Su rostro es el mejor ejemplo de que a veces es peor no entender nada que perderlo todo, porque el problema de Hibbert no es lo perdido, es la forma de perderlo.   

La involución de Hibbert es probablemente una de las mayores de la historia dentro del curso de una temporada. Bien entrada la competición, Hibbert aparecía en todas las quinielas como favorito a Jugador Defensivo del Año e Indiana era una montaña que parecía difícil escalar hasta para los dos veces campeones, Miami Heat. Después de la incorporación de Evan Turner y de Andrew Bynum, a Indiana parecía separarle de la gloria segura simplemente los meses. Ahora Hibbert deambula mas por el banquillo que por la cancha e Indiana Pacers esta en serio peligro de caer eliminado en primera ronda a manos de un equipo que ni siquiera cuenta con su mejor jugador, Al Horford. Ayer el pivot de New York pareció tocar fondo en el agujero sin fin en el que anda metido. En 12 minutos en cancha no fue capaz de anotar un solo tiro (0/2) ni de coger un solo rebote pese a que es, con diferencia, el jugador más alto de toda la serie. Fue una demostración de impotencia que hubiera estremecido al tipo más duro del mundo.      

E igual que Hibbert sufre, debo reconocer que yo estoy sufriendo por él. Los dedos le señalan, las miradas le acusan y su propia actitud le machaca porque no es capaz de mostrar nada de carácter en toda esta situación. A decir verdad, Roy Hibbert no parece ser el tipo más duro de mentalidad. Su técnico Frank Vogel le ha mostrado su confianza por activa y por pasiva y le ha permitido partidos y actitudes que a mas de uno hubieran sacado de la rotación aguantándole en el quinteto titular. Porque Roy Hibbert lleva dos meses mal, pero ni siquiera ha aparentado estar bien. Ni siquiera un intento, una señal de que el hoyo mas grande de su carrera pudiera ser algo pasajero La confianza de su entrenador solo se ha transformado en más perdidas de balón, en más canastas falladas o en una actitud mas desesperante. Durante los últimos meses, los bloqueos y continuaciones se han convertido en una pesadilla para Hibbert. Ha parecido desperdiciar miles de balones aunque seguramente haya sido alguno menos.  

¿Que le ofrece el futuro a Roy Hibbert? ¿Será capaz de dejar atrás todos los problemas y dudas para volver a ser el jugador que algún día fue? ¿Esta capacitado para dar un paso adelante y darle la vuelta a la situación, no ya para este año, sino para el resto de su carrera? Tal vez todo suene ahora demasiado alarmista y exagerado pero por lo pronto y debido a las sensaciones que recibimos parece misión imposible recuperar a Roy Hibbert para la causa de este año que debía ser el del anillo en Indiana. Probablemente una buena temporada baja llena de trabajo y carga de confianza lo pueda solucionar todo... o tal vez no. Sea lo que sea, te esperamos Roy.      

          

viernes, 25 de abril de 2014

Russell, ¿el cielo o el infierno?

Hace 25 años (¡¡y parece que llevemos toda una vida hablando de él!!) nacía en California un chico que iba a provocar amores y desencuentros, halagos y críticas, dudas y certezas. El diablo o el ángel. El triunfo o la derrota. El éxito o el fracaso. Un jugador con nombre y apellidos. Hace 25 años nacía Russell Westbrook. El base de OKC es la intersección entre dos mundos. Amalo u ódialo, halágalo o critícalo pero jamás te quedes indiferente ante él. 

Los aficionados al baloncesto no se ponen de acuerdo sobre Russell Westbrook porque ni siquiera Russell Westbrook es capaz de ponerse de acuerdo consigo mismo. Su cabecita loca esta tan lejos de ser la de un base al uso como los Jaguars de ganar la NFL, España de volver a ganar Eurovisión o Irán de ganar el mundial de fútbol. Pero esa es la verdad de Russell. Y como he dicho antes, amalo u ódialo porque el irá hasta el final con ella. Su verdad es que él es uno de los mejores jugadores de la liga. Su verdad es que debe de tener tantos galones en Oklahoma como Kevin Durant. Su verdad es que sería capaz de saltar por encima de Roy Hibbert y Marc Gasol juntos para meter una canasta. Y su verdad es que el no teme a nadie, ni a sí mismo. Y hay días que sale a la cancha y te hace pensar que es uno de los mejores jugadores de la liga. Te hace pensar que no es tan loco equiparar sus galones a los de KD. Te hace pensar que Roy Hibbert y Marc Gasol se podrían subir uno encima del otro y no lo pararían. Y por supuesto te hace pensar que hace bien en no temer a nadie. Son sus partidos, mejor dicho sus momentos, de ángel, de triunfo y de éxito.

Pero luego hay días… hay días en los que es mejor no levantarse Russell. Porque Westbrook es probablemente el jugador de la NBA con más facilidad para encadenar errores con aciertos. No es raro verle meter un triple inverosímil y a la siguiente jugada hacer un airball cuando sus compañeros aun danzan por el medio campo y la posibilidad de rebote es inexistente. No es ni mucho menos raro verle machacar un aro que a veces parece que va a ceder a sus embestidas y a las dos jugadas que le piten una falta en ataque por intentar repetir semejante acción. Lo que desgraciadamente si que es raro para su equipo es que Russell Westbrook haga jugar a sus compañeros o que sea protagonista dentro de un juego de ataque colectivo y coral. Y es ahí donde recibe la mayor cantidad de críticas porque es por ahí por donde más sufre Oklahoma. Su juego sota- caballo- rey (Ibaka- Westbrook- Durant) muchas veces desespera. Y sin tener toda la culpa (¡¡hola Scott Brooks!!) tiene parte de ella el base del equipo. 

Precisamente Scott Brooks no ha sido capaz de meterle en cintura o tal vez ni lo haya intentado. Cuando el equipo “eligió” quedarse con Westbrook en lugar de hacerlo con Harden sabían a lo que se exponían porque Russell pertenece a esa clase jugadores que no engañan a nadie porque simplemente no quieren. Es lo que es y va a morir siendo así. Un espíritu libre solo al servicio de él mismo y sobre el que cabe hacerse una pregunta: ¿aporta o quita más al equipo? Desde un punto de vista numérico, de actitud personal o incluso defensivo la duda ofende porque Westbrook es de los mejores bases de la NBA. Sin embargo con él hay que ir más allá porque comparte pista con el MVP Kevin Durant, un jugador al que Westbrook parece ser el único que no rinde pleitesía en la cancha.  

La serie de Playoffs contra Grizzlies está siendo el perfecto ejemplo de lo mejor y lo peor del base de OKC. Los aficionados del Thunder pueden amarlo después del Game 3 porque consideren que fue el único que dio la cara al menos intentando cambiar el sino del partido. Los aficionados del Thunder también pueden odiarlo por su serie de tiro, su egoísmo y sus ¡¡2!! asistencias. El game 2 fue más de lo mismo. 29 puntos con una serie de 11/28 en tiros de campo aunque esta vez con 8 asistencias. Más allá de números, y como muchas veces todo no lo explican estos, las sensaciones que ha dejado son también claras. Una absoluta anarquía que ha contagiado al equipo y que está provocada por una falta de autocontrol extrema. “Corre Russell corre. Y nunca frenes” parece que le dice el diablo instalado en su cabeza. Es Russell Westbrook. Debes decidir amarlo u odiarlo.