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lunes, 9 de mayo de 2016

Ganar y ganar y volver a ganar

La andadura de los Cavaliers en los Playoffs de la NBA se ilustra de manera perfecta con la mítica frase del entrenador de fútbol Luis Aragonés: “Ganar y ganar y volver a ganar”. 4-0 a Detroit Pistons y 4-0 a Atlanta Hawks para plantarse en las Finales de la Conferencia Este.

Luis Aragonés
Difícil predecirlo después de una temporada regular que incluyó un cambio de entrenador nada tranquilo (adiós David Blatt y hola Tyronn Lue), faltas de respeto de jugadores al entrenador en pleno partido y rumores y comentarios sobre la supuesta poca actitud de LeBron James en algún momento de la temporada. Ese ha fue el amargo menú del equipo durante los 82 partidos que definen las posiciones de postemporada.  

Pero han llegado los Playoffs y los Cavaliers han dejado de comer en el Burger King y se están poniendo las botas en El Celler de Can Roca (si es que allí te puedes poner las botas, que no tengo ni idea). Ocho partidos y ni una sola derrota. Ni un atisbo de duda en el equipo.   

Por encima de las victorias, lo que ilusiona a los seguidores de Cleveland Cavaliers son las sensaciones. Los Cavs, después de ser un equipo bueno, pero no espectacular, a la ofensiva durante la temporada regular, parecen incapaces de fallar un tiro en estos Playoffs, sobre todo si de larga distancia se trata. No han bajado de los 100 puntos en ninguno de sus ocho partidos de Playoffs y están promediando 107.8 puntos por partido, cuando sus promedios de Regular Season se situaban en 104.3.

LeBron James
El acierto en el triple está siendo la principal amenaza ofensiva del equipo, más allá de la siempre eficiente presencia de LeBron James. La orgia del triple. El acierto en la serie contra los Hawks ha sido una cosa de locos. 77 tiros de tres puntos en apenas cuatro partidos y un record hecho trizas por el camino. Kevin Love, Channing Frye, JR Smith, Kyrie Irving… todos han estado a nivel extraterrestre en alguno de los partidos de la serie. Pero lo más impresionante es descubrir quien tenía la anterior marca de más triples convertidos en una serie. Pertenecía a los propios Cavaliers, esta vez en primera ronda contra los Pistons, cuando se fueron hasta los 44 en otra serie que acabó con barrida.

Los Cavaliers son un equipo repleto de confianza y que está jugando al máximo nivel en el momento adecuado. La maquinaria está engrasada a la perfección, tanto que poco importa si el entrenador se llama Tyronn Lue o Pepe. Ven el aro como una piscina olímpica y ante eso se puede hacer muy poco.  

La cosa es tan seria que últimamente me parece hasta buena idea la reconversión dramática a la que Kevin Love ha sido sometido: en la serie contra los Hawks ha tirado más de tres que de dos. Con el dolor en el corazón que me provocaba verlo.

Kevin Love
LeBron James sigue siendo el Rey del Este y lo está volviendo a demostrar. Sin grandes exhibiciones continúa dominando el juego con puño de hierro. A Love y LeBron hay que añadir el dulce momento de Kyrie Irving, la sangre caliente siempre dispuesta de JR Smith, la veteranía y acierto de Frye, la intensidad de Iman Shumpert o la capacidad de bajar rebotes de Tristan Thompson. Y aún sin aparecer el factor X Dellavedova. Equipazo.   

¿Qué consecuencias pueden tener el momentum y las dos barridas de Cleveland Cavaliers a la hora de definir el campeón de la NBA?  

Si nos hubieran preguntado a inicios de Playoffs que tenían que hacer los Cavaliers para maximizar sus opciones de victoria contra las bestias de la Conferencia Oeste (principalmente Warriors y Spurs), la mayoría hubiéramos contestado: “Ganar y descansar lo más que puedan en su andadura por el Este”. El guion se está cumpliendo y, por supuesto, las opciones de ver el primer anillo de LeBron con los Cavaliers crecen con cada victoria y cada día de descanso.   

Mientras los Spurs pelean a muerte con Oklahoma City Thunder y los Warriors padecen, aunque no demasiado, la baja de Stephen Curry por lesión, los Cavaliers descansan y fijan su objetivo en vencer al ganador de la serie que sigue enfrentando a los Raptors y a Miami Heat y que promete extenderse por algún tiempo más. Para más inri, los aspirantes a romper la hegemonía de LeBron en el Este han sufrido lesiones en sus hombres grandes, Valanciunas y Whiteside. El balón y la cancha dirán, pero suena a camino de rosas para los de Ohio.   

Por otra parte, lo que acontezca en la Conferencia Oeste a partir de ahora tiene visos de ser seguramente más duro para sus protagonistas que lo que tenga reservado la Conferencia Este, sobre todo si el equipo de Lue es capaz de mantener el nivel exhibido en las dos primeras rondas. Unas finales de conferencia entre Warriors (lo siento por los fans de los Blazers pero no veo opciones) y cualquiera de los otros dos equipos semifinalistas será poco menos que la III Guerra Mundial. No hay dudas, el desgaste mental y físico será brutal y de ello intentarán aprovecharse los Cavs en unas hipotéticas finales.  


Lo que está claro es que los Playoffs están al rojo vivo y solo tenemos que tener un poco de paciencia para comprobar si LeBron consigue de una vez por todas el que parece se ha convertido en el objetivo colectivo de su vida: ganar un anillo con Cleveland Cavaliers. Esta temporada, la que a priori parecía más complicado, puede resultar ser la buena al fin.    

viernes, 15 de abril de 2016

Vivir y morir así

A su manera.

La madrugada del miércoles al jueves se apagó la impresionante carrera de uno de los mitos del baloncesto, Kobe Bryant. 20 temporadas en las que los logros y los números marean por abundancia e importancia, pero en los que cabe destacar, por encima de todo, un detalle.


Kobe Bryant
Vivir y morir así. A su manera. El último partido de Kobe estará en la retina y en el pensamiento de muchos durante un largo tiempo. Tal vez para siempre. 50 tiros, 60 puntos (una de las mejores anotaciones de su dilatada carrera deportiva) y unos últimos minutos que parecieron guionizados por el mejor director de Hollywood.

Vivir y morir así. Dejándose el alma y el último aliento en la cancha. 45 puntos en su cuenta particular y una de sus hijas le pide 5 más, esperanzada en poder ver otro partido, el último, de 50 puntos de su padre. Como si fuera fácil esquivar los dolores, engañar al cuerpo y a la mente. Bryant sonríe, visiblemente exhausto. Pero deja 15 puntos más en la cancha hasta irse a los mencionados 60 y ganar el partido para sus Lakers. Literalmente.  

Con la marcha de Kobe Bryant despedimos a la imagen de una generación. Los veinteañeros y treintañeros lo sabemos. Bryant es nuestro Jordan. Y no hay más. Él nos enseñó el fadeaway, nos mostró que se podía ejercer un increíble e inimaginable control en una capacidad física al nivel de los mejores de la historia, nos hizo soñar con canastas a aro pasado, mates salvajes y tiros letales para vencer partidos igualados.

También nos hizo pellizcarnos. ¿81 puntos? 81 puntos.

A algunos les pareció que veían a la misma reencarnación de Dios. Aquella merecía ser considerada como la mayor exhibición ofensiva de la historia. Pero era algo más. Primero era la constatación de que Kobe Bryant era uno de los mejores jugadores de la historia. Segundo, y tal vez de esto nos hemos dado cuenta cuando ha ido avanzando el tiempo, la certeza de que pasaría mucho tiempo en volver a ver un partido semejante a nivel individual.  

Otros jamás lo entendieron. ¿81 puntos? ¿Cuántos tiros son esos? ¿Y los compañeros? Bueno, esos 81 fueron exactamente 46 tiros en aquella ocasión. Y ni siquiera ha sido el partido en el que más veces ha apretado el gatillo. El último partido de su carrera, contra Utah Jazz en el Staples, tendrá para siempre ese honor.

Los polos opuestos en los que ha vivido el escolta durante toda su carrera.
Y las reacciones y sentimientos surgidos tras su histórico partido contra los Raptors son una pequeña muestra de cómo los aficionados han reaccionado ante la trayectoria de Kobe Bryant. Se le puede amar o se le puede odiar. Pero jamás nos ha dejado indiferentes.

Porque Kobe Bryant ha sido odiado durante su carrera por todas y cada una de las aficiones rivales. No hay pabellón rival que Kobe haya pisado que no le haya recibido con música de viento y vibrante hostilidad. Pertenecer a los Lakers, que no es precisamente un equipo que despierte afinidades entre los aficionados rivales, ser capaz de hacer todo por ganar y la imagen de chico joven y malo que representó en los inicios de su carrera le jugaron una mala pasada a la hora de construir afinidades, incluso con sus propios compañeros.  

Y no, no le importó. 

Kobe Bryant ha desayunado, comido y cenado odio durante 19 temporadas. Alguna vez el menú era más fuerte, como cuando visitaba a los Celtics o alguno de sus encarnizados de la Conferencia Oeste y otras se daba un respiro con algo más ligero. Pero jamás dejó de alimentarse de ello.

Kobe Bryant
Hizo de ello su vida y lo hizo por un motivo. Sabía que era la mejor forma de ganar, único objetivo por el que vivía. Y como Kobe solo quería y veía la victoria, se tuvo que amoldar a las condiciones que se le presentaban para conseguirla.

Lo hizo siempre y es un aspecto de la leyenda poco reconocido.

Cuando tuvo que convivir en un equipo que no estaba capacitado para luchar por entrar en Playoffs en la Conferencia Oeste, Kobe Bryant asumió el mando de las operaciones a unos niveles desconocidos hasta ese momento. Fueron las mejores temporadas de Bryant en cuanto a minutos jugados y en cuanto a puntos anotados por partido. También fueron las peores si a las críticas de prensa y aficionados nos atenemos. Salvajes, por ejemplo, en cuanto a una supuesta alergia a pasar el balón en aquellos años.  

No niego que el Kobe Bryant post- O´Neal y pre- Gasol fuera un chupón. Solo afirmo que él simplemente estaba haciendo lo que creía necesario para acercar a su equipo a la victoria. Ni más, ni menos. Se llevara por delante a diez o a veinte, lo hacía.   

De aquella época merece la pena rescatar una anécdota que salía a la luz después de su último partido en Phoenix. Decía Kobe “les odiaba, me quitaron dos anillos”. Cualquiera que eche un vistazo a la plantilla de los Lakers se dará cuenta de la locura que es pensar en los Lakers como posibles candidatos al título. Tal era la confianza y determinación de Bryant en sí mismo, que confiaba en poder ganar el anillo.

Él siempre lo tuvo claro “Voy a hacer lo que se necesario para ganar partidos, ya sea en un banco agitando una toalla, entregando un vaso de agua a un compañero o acertando el tiro ganador”. Frases que describen perfectamente al jugador. 

Si hubiera que contar la cantidad de desencuentros con aficiones rivales, compañeros de equipo, entrenadores y jugadores rivales, habría que pedir varias cosas. Empezando por tiempo para recopilar y escribir todo y siguiendo por el dinero necesario para sacar a la venta los diez enormes tomos que habrían de ser publicados.

Porque si él inoculaba su veneno a los rivales como buena mamba negra, el bichito del baloncesto le tenía enfermo a él. Nunca conoceremos con exactitud la cantidad de compañeros que alguna vez se sintieron atacados o incomodados en una situación personal en la cancha de entrenamiento con Bryant. Mejor dicho, nunca sabremos si alguno de ellos se libró de tal trance.

Kobe Bean Bryant fue el peor compañero para aquellos que no poseían un muro de hormigón armado en su mente. Tal fue su pasión por la victoria que cierto día llegó a espetarle a un compañero que debía replantearse su carrera deportiva porque, sencillamente, no daba la talla. Medvedenko siempre ha sido el favorito en las quinielas sobre quién recibió dicho comentario. Smush Parker tampoco parece tener un buen recuerdo de su estancia en el vestuario de los Lakers.

Tampoco pudo congeniar con uno de los grandes con los que compartió vestuario. Sus problemas con O´Neal, jugador con el que compartió las mieles del éxito pero con el que no compartía la misma ética de trabajo, desencadenaron en el rompimiento de un equipo que difícilmente hubiera tenido comparación en las últimas décadas si las aguas no se hubieran salido del cauce.

Los compañeros con los que jamás tuvo un encontronazo se cuentan con los dedos de la mano.
Entre ellos se encuentra un Pau Gasol que supo entenderle a la perfección y además llegó a su vida y a su equipo en un momento en el que Bryant ya era mucho más maduro.


Kobe Bryant
Al final todo era más simple de lo que parecía. Quería ganar. La orgía anotadora individual en la que se vio inmerso cuando se quedó solo, no le llenaba. Simplemente no conseguía su objetivo. No estaba ganando. Pau fue la bendición. El español fue algo más que el cuarto y el quinto anillo. Gasol proyectó la mejor imagen del escolta al exterior. La hermandad, la camaradería, el compañerismo. Pau enseñó al mundo el líder que era Kobe. Detalles que no se habían visto nunca en el jugador nativo de Philadelphia.

Nunca sabremos si Kobe se arrepintió de firmar su lucrativo último contrato cuyo montante económico evitó el inicio de una reconstrucción más que necesaria después de la marcha de Pau Gasol. Sus últimos años estuvieron sin duda lastrados por ello y el equipo deambuló por los bajos fondos de la Conferencia Oeste.  

Esta temporada, aquellos que llevamos tiempo siguiendo y viendo la NBA hemos asistido a extraños acontecimientos a lo largo de ella. Como el agua se convirtió en vino, los abucheos se convirtieron en aplausos y las recepciones hostiles en vídeos de homenaje. Esta vez no fue ningún milagro. Solo miles de aficionados rindiéndose a una evidencia, que aquel al que tanto habían odiado, no podía ser más grande.

Ver el último partido de su carrera fue un regalo de los dioses. Los mismos que, seguramente, debieron tocarle antes de que saltara a la cancha. Es difícil asumir que la carrera de un ídolo ha acabado. Tan difícil que la llama de esperanza de que la retirada solo haya sido una broma pesada aún sigue viva en el corazón.  

Al fin y al cabo, yo recé por el oso. 

viernes, 1 de abril de 2016

Segundas partes nunca fueron buenas

Tal vez LeBron James no conozca el dicho que habla de que segundas partes nunca fueron buenas.

El famoso dicho ha sido utilizado, con razón o sin ella, para cualquier tipo de situación. Películas, relaciones amorosas, vueltas de deportistas después de retiradas… nada ha podido escapar a esa afirmación.

Y quizás, solo quizás, acabaremos sumando a esta larga lista, la segunda etapa de LeBron James en el equipo donde inició su carrera profesional, Cleveland Cavaliers.

LeBron James
Después de su periplo exitoso en Miami Heat junto a Wade y Bosh y con cuatro finales y dos anillos, LeBron sorprendía al mundo anunciando la vuelta al equipo de su corazón, los Cavs. Fue una decisión tomada desde lo más profundo de su alma y que en algún momento su carrera iba a llegar. James tenía que volver y lo hacía con una misión muy clara: ganar el anillo con Cleveland Cavaliers y borrar el recuerdo de aquella amarga despedida camino de Florida.



El segundo proyecto de LeBron en los Cavs fue tomando forma a pasos agigantados. El base estrella, Irving ya estaba en el equipo, David Blatt había sido nombrado entrenador previamente y la llegada de Kevin Love completaba un Big Three a priori a la altura del de Miami: Kyrie Irving, Kevin Love y el propio LeBron James. A mediados de temporada llegaban JR Smith, Iman Shumpert y Timofey Mozgov.    



Esta nueva etapa de LeBron en el equipo de su estado parece llevar el sello del escándalo y de la inestabilidad.  

Más de un año y medio después de aquel maravilloso y loco verano, las dudas y los rumores han invadido la franquicia de Ohio. A frenar este proceso, que amenaza con romper una estabilidad que ya de por sí parece frágil, no ha ayudado precisamente el alero estrella. La firma de sus dos contratos, sellados de verano en verano con el objetivo de no atarse cadenas en el tema económico, ha permitido la especulación con su futuro de manera constante. Seguramente se va a quedar en Cleveland pero… ¿y si no?  

Además, para añadir más leña al fuego, se ha hecho público en las últimas semanas su deseo de jugar, al menos, una temporada antes de su retirada con sus más íntimos amigos en la liga, Carmelo Anthony, Chris Paul y su ex compañero, Dwyane Wade. ¿Para Cleveland Cavaliers? No parece muy probable. 

Las relaciones con sus compañeros del nuevo Big Three tampoco han sido una luna de miel. Los rumores e informaciones sobre una posible mala relación con el ala pivot Kevin Love han sido una constante desde que ambos se convirtieron en jugadores de los Cavs.


LeBron James y Kyrie Irving
Por su parte, la situación con Kyrie Irving parece ser algo de última hora pero puede haberse estado cociendo durante cierto tiempo a la sombra de la relación Love- James. La dificultad del base para construir juego y repartir asistencias siempre ha sido un punto de confrontación entre ellos. En los últimos días han salido informaciones sobre que Kyrie Irving querría estar en cualquier franquicia antes que en los Cavs y que se plantearía su continuidad si el Rey decidiera permanecer jugando para Cleveland. De ser verdad, no es la situación perfecta para empezar la lucha por el anillo.    

Pero no acaban ahí los problemas con los que LeBron ha tenido que lidiar. 

Era un secreto a voces que David Blatt no era un entrenador de LeBron James. Y ojo, porque esto va con doble sentido. El primero es, obviamente, que cuando el jugador Akron anunció su vuelta a los Cavs, Blatt ya había sido contratado y anunciado como entrenador. La decisión de contratar a un entrenador sin experiencia NBA, que ya era de por si arriesgada, se convirtió en peligrosa el día que LeBron firmó su contrato. El segundo, es un efecto del primero y hay que encontrarlo apoyándose en unas declaraciones del pivot Brendan Haywood después de que David Blatt fuera despedido. Dudas al cambiar a LeBron, falta de correcciones hacia la estrella del equipo en algunos entrenamientos…  

Sentar a Tyronn Lue (algún día habrá que hablar de cuán desafortunado fue su inicio como head coach en los Cavs) en el asiento del conductor no ha supuesto ninguna mejora en la marcha del equipo ni a nivel cuantitativo ni cualitativo, prueba irrefutable de que, al menos, aquella fue una discutible decisión. El record de esta temporada con David Blatt a los mandos era de 30-11. Con Tyronn Lue ya han perdido los mismos y solo han podido sumar 23 victorias a su casillero.

Las relaciones en el vestuario tampoco están en su mejor momento e incluso ha habido feos desplantes con el nuevo entrenador. El último de ellos se produjo cuando Shumpert le colocaba de malas maneras su toalla en el hombro después de un tiempo muerto. Las imágenes de LeBron “ejerciendo” de entrenador tampoco ayudan demasiado a construir una imagen creíble de Tyronn Lue.

Pero más allá de los números están las sensaciones. Despistes y mala actitud defensiva general y que provocan enfados de manera recurrente en el líder del equipo, un ataque en el que solo LeBron James parece ser un valor seguro,  irregularidad en los últimos partidos (6-4 en los últimos 10) y dificultades para amarrar el primer sembrado de la Conferencia Este.  

Llegados a este punto merece la pena hacerse dos preguntas, ¿Cuánta paciencia está dispuesto a tener LeBron James con los Cavs, con su entrenador y con sus compañeros? Complicado adivinarlo, pero no parece que mucha. LeBron no muestra mucha confianza en Tyronn Lue y no sería ni mucho menos descartable un cambio de entrenador cuando acabe la temporada. Por otra parte, la posibilidad de volar en el periodo de agencia libre va a provocar que la gerencia de los Cavs tenga que hacer un gran esfuerzo para contentar a ¿su? estrella. Por último, James ha dado muestras públicas de desesperación por la defensa y la actitud de sus compañeros. Para muestra un botón.
La segunda cuestión es, por supuesto, si los Cavaliers pueden ganar el anillo. A día de hoy parece que las opciones y las esperanzas de Cleveland Cavaliers para lograr el anillo pasan por hacer valer la superioridad de su plantilla en los playoffs de la Conferencia Este y esperar a que el cansancio acumulado en unos, presumiblemente, salvajes duelos finales en el Oeste pasen factura a la hora de los encontronazos por el título. 

Porque ahora mismo los Cavs parecen eso, una gran plantilla. Y ya.

No son el equipo más unido (inserte casi cualquier equipo del Este que vaya a entrar en Playoffs aquí), no son el mejor entrenado (hola Toronto Raptors, hola Boston Celtics) y no parecen ir sobrados de regularidad y confianza (LeBron queda fuera de esta afirmación).

Los Playoffs son un momento loco de la temporada y todo puede pasar pero, a día de hoy, es difícil pensar que LeBron será capaz de borrar el sello de fracaso a su segunda etapa en Cleveland Cavaliers. 

jueves, 24 de marzo de 2016

Un valor seguro

Por 25 céntimos cada una, cosas que hace mal en una cancha Nicolas Batum.

Un, dos, tres, responda otra vez.


Nico Batum 
Le he dado mil vueltas a este asunto y, de verdad, no encuentro nada.

El jugador nacido en la ciudad de Lisieux anota con buenos porcentajes, aprovecha su altura para rebotear, tiene la capacidad de asistir al compañero, defiende con éxito la mayor parte de las ocasiones y es el líder silencioso que todo vestuario necesita.

El jugador total.

Y ni un titular.

No buscaba el pareado, pero como estamos en Semana Santa ahí os dejo el regalo.

Empezaré por lo fácil, lo que dicen las estadísticas. La importancia de Nico Batum en estos sorprendentes Hornets que no paran de crecer, se mide así: segundo en puntos por partido (15.1), tiros intentados (12.6) y anotados (5.3) tras Kemba Walker, segundo rebotes (6.2) y minutos por partido (35.8) y primero en asistencias (5.6). Si la estrella de los Hornets es Kemba, Batum es el pegamento. 

El alero francés ha lavado la cara a Charlotte Hornets en la segunda parte de la temporada. Su llegada a la franquicia de Carolina del Norte se produjo en verano cuando Rich Cho traspasó a dos jugadores de rotación como Noah Vonleh y Gerald Henderson a Portland a cambio del que había sido uno de los puntales de los Trail Blazers en las últimas temporadas.

El francés no venía precisamente de un buen año. Batum había tocado fondo en su temporada 2014- 2015 en cuanto a porcentajes de acierto y en cuanto a puntos por partido se refiere, esto último desde su temporada rookie. Llegados a la temporada baja, el cambio de aires era una opción, más cuando su contrato expiraba (y expira) al finalizar la campaña 2015-2016 y además en Portland se iniciaba un proceso de reconstrucción muy profundo y del que, por cierto, habrá que hablar algún día.

Cambio de equipo y de conferencia. Mismo papel. Al servicio del equipo.

La temporada no se ha desenvuelto de una manera cómoda para los Hornets. Las lesiones en el hombro han dejado fuera de juego al mejor defensor del equipo, MKG y Al Jefferson, el que se suponía como segunda mayor amenaza ofensiva de los Hornets, ha tenido recurrentes problemas físicos y alguno que otro extra- deportivo. Además, el equipo tardó en arrancar. A principios de 2016 no era descabellado pensar en unos Playoffs sin Charlotte Hornets. A partir del 6 de febrero: 17-4, un record solo superado por los dos grandes cocos de la liga, los Warriors y los Spurs.

Y en ese ascenso meteórico ha tenido mucho que ver el jugador que nos ocupa.

Nico Batum 
Batum está  tirando la mayor cantidad de tiros por partido de toda su carrera, los 12.6 tiros de media antes mencionados y con un porcentaje de acierto superior al 42%. Solo Kemba Walker asume más responsabilidad en el ataque de los Hornets que él. Precisamente sobre esto hablaba el francés después de liderar a la victoria al conjunto de Steve Clifford: “I need to score for this team... I can´t let Kemba do it all.” Demuestra el francés varias cosas con estas declaraciones. Lo primero, por supuesto, conocimiento del juego a un alto nivel. Comprende que Kemba no puede echarse el equipo a las espaldas en solitario en el plano ofensivo (reconocimiento del problema), viendo los problemas de Al Jefferson, asume que él es el indicado para aportar más puntos y toma más tiros de lo que habitúa (pasa a la acción). Lo segundo, un alto sentido de la responsabilidad y el compromiso. A pesar del pequeño bajón a nivel de acierto que sufrió a finales de febrero, Nicolas Batum ha sido pieza clave en la buena racha de los Hornets. Marzo, mes en el que su equipo suma un espectacular 11-2, ha visto la mejor versión del francés: 18.6 puntos con un 47% en tiros de campo y un 39% en triples, 5.8 rebotes y 6.2 asistencias. 

Ya lo dijo su nuevo entrenador, Steve Clifford, a inicios de temporada, durante el Media Day del equipo: “Nico siempre ha sido usado como la tercera o cuarta opción en ataque. Ahora será la primera o la segunda.” Finalmente han sido las circunstancias las que han acabado haciendo realidad ese extremo, pero aquellas declaraciones ya sonaban prometedoras.

Soy consciente del riesgo que corro escribiendo bien de Batum. Me siento en tierra hostil, pero creo que es hora de borrar del disco duro algunas imágenes de las que tenemos del francés, la mayor parte de ellas con un protagonista español en el lado contrario. Su agresión a Navarro en los Juegos Olímpicos de Londres 2010, sus encontronazos con Rudy Fernández o sus últimas salidas de tono (su mensaje motivacional “nosotros no perdemos contra jugadores españoles” antes de un Portland Trail Blazers- Memphis Grizzlies) no pueden tapar por más tiempo lo que supone tener a este jugador en tu equipo.
El crecimiento ofensivo de los Hornets del año pasado a este es una de las grandes noticias de la temporada.

Los Hornets ocuparon en la temporada pasada el puesto 28 en la clasificación de rating ofensivo, con 100.1. Esta temporada el equipo ocupa el lugar 11 en la misma clasificación, con 106.5, lo que implica una importante mejora.

Además, Nico Batum juega y hace jugar. Está viviendo su mejor temporada en cuanto a porcentaje de asistencias se refiere, superando ampliamente por más de 5 puntos cualesquiera de las anteriores temporadas en las que ha estado en la liga.


El tiempo dirá hasta donde pueden llegar estos Hornets, que pelean por colocarse lo mejor posible de cara a Playoffs. Lo que está claro es que las opciones de dar alguna sorpresa en la fase decisiva de la temporada pasan por la fiabilidad del alero francés.  

martes, 15 de marzo de 2016

El tipo al que todos odiaban, odiaba perder

Todo tiene su principio y su final. Estamos sujetos a etapas que nacen, duran determinado tiempo y mueren. Así son también las carreras de los jugadores NBA y parece, lo podríamos dar por hecho, que hay varias de ellas a punto de llegar a su fin.

No son además carreras de jugadores cualesquiera las que se acaban. Son jugadores de los que hablaremos dentro de 30 años. Kobe Bryant ya anunció su retirada para final de temporada, Tim Duncan viste 39 años con la elegancia con la que siempre ha hecho todo, pero ya le pesan, y se nota. Y luego está Kevin Garnett, misma edad que Tim pero innumerables problemas físicos en las últimas temporadas.

Fin de ciclo que diría alguno, pero esta vez de verdad.


Ahora llega el momento en el que podéis sorprenderos: no voy a hablar de Kobe Bryant. Voy a hablar de Kevin Garnett. 

Kevin Garnett
En la vida de Kevin Garnett todo fue muy rápido. También su aterrizaje a la NBA, directamente desde el instituto. McHale, por aquel entonces dentro del organigrama de Minnesota, lo explicaba hace años en un reportaje para Sports Illustrated: “Yo ni siquiera quería ir a verlo (a una prueba). Yo pensé que iba a ser una pérdida de tiempo. Después, cuando Flip Saunders (GM) y yo nos sentamos en el coche dijimos ´Ok, nosotros vamos a seleccionar a un chico de instituto`”.   

Ahora, el final está escrito. Los últimos minutos de un caníbal. Las últimas batallas de un jugador odiado por todos sus rivales e incluso por algunos de sus compañeros. Las últimas gotas de sudor de un tipo que ha amado el baloncesto, pero que por encima de todo ha amado competir y hacerlo hasta la extenuación.

Porque así es la historia de KG. Única. La historia de un competidor al que siempre le importó muy poco caer bien o mal y que incluso prefirió lo segundo. La historia de un jugador que odiaba más el sabor de la derrota de lo que disfrutaba con el de la victoria.   

Hay ocasiones en las que es imposible definir el perfil psicológico de alguien con cierto éxito. En otras ocasiones hay algo, un documento escrito o visual, que te lo pone en bandeja. Es el caso.

Miles de anécdotas y episodios confirman su mal carácter y su tendencia a caer mal dentro de la liga pero, tal vez, la más representativa es la que le une con Tim Duncan. El de los Spurs, que llegaba dos años más tarde a la NBA que Kevin Garnett, demostró a lo largo de su carrera una total repulsa a los problemas con otros jugadores. 

Kevin Garnett Vs. Howard
Sin embargo, siempre ha sido un secreto a voces que la impresión que tiene Tim Duncan de Kevin Garnett no es precisamente buena. ¿Los motivos? Muchas hipótesis, tal vez demasiadas; un encontronazo en un partido que coincidía con el día de la madre, una colleja malintencionada de Garnett a Duncan en medio de una trifulca y que este nunca olvidaría o el simple desgaste de los muchos enfrentamientos.

Nació la rivalidad en una época en la que Kevin Garnett resucitaba a una franquicia con apenas años de vida. Antes de la llegada de KG habían transcurrido seis temporadas desde su nacimiento y ni una visita a Playoffs y con el 29-53 de la temporada 1990-1991 como mejor record. La trascendencia de Garnett en los Wolves se explica así: la franquicia ha jugado veintisiete temporadas y ha pisado territorio exclusivo en ocho temporadas (de manera continua desde la temporada 1996-1997 hasta la 2003-2004. En todas ellas contaba con Garnett en el roster.   

Tiempos felices pero con cierto regusto amargo. Llegaban las victorias pero no las mieles del éxito en las instancias finales de la competición. Una presencia en las finales del Oeste en la temporada 2003-2004 fue el preludio del derrumbe del castillo de naipes. Empezaba a bajar el número de victorias, hasta tal punto que se acabó provocando el siguiente episodio.  

Allá por 2005 y en una entrevista de KG para TNT, John Thompson, histórico entrenador de Georgetown y que hacía las veces de entrevistador, le pregunta a Kevin Garnett el motivo por el cual no ha dormido bien en los últimos dos meses, siguiendo el hilo de una respuesta anterior. El de Carolina del Sur corta la pregunta y contesta convencido y en repetidas ocasiones: “I´M LOSING”. Después, lucha contra las lágrimas antes de pedir que corten la grabación.

Esas imágenes, aún vistas más de diez años después, desprenden alta frustración por la derrota.

Aquellos años ya veían a un Kevin Garnett absolutamente asentado en el estrellato, con un MVP de la NBA y con el liderazgo en los Wolves fuera de toda duda. Pero estaba perdiendo. Y aquello simplemente era demasiado para él, hasta tal punto de romperse en una entrevista que iba a ser posteriormente televisada.

La relación de Kevin Garnett con la derrota no iba a ninguna parte.

Kevin Garnett
Por suerte para él aparecieron los Celtics. Siete jugadores. Esa fue la mágica cifra de efectivos (cinco jugadores y dos selecciones del draft) que los Celtics tuvieron que entregar a los Wolves para conseguir el aterrizaje de Big Ticket en la ciudad de Boston. Así se formó el primer Big Three de la era moderna con el mismo Garnett, Ray Allen y la referencia de aquellos Celtics, Paul Pierce.

Su etapa en los Celtics fue, sin duda, un maravilloso viaje en la franquicia más laureada de la historia. Dos finales de la NBA contra los Lakers y el ansiado anillo tuvieron la culpa. Dos años para esnifar baloncesto clásico, para sentir en el alma la rivalidad más grande la historia del deporte. Dos finales para ver al Garden enfurecido recibiendo a los Lakers y para ver al Staples de uñas contra los Celtics.

De esa historia de amor entre tres grandes del baloncesto, salen los últimos trazos de la personalidad de Kevin Garnett. El Kevin Garnett más rencoroso apareció después de la marcha de Ray Allen a Miami Heat. Se sintió traicionado y jamás lo perdonó. Desde ese momento, varios encuentros entre ambos con distintas camisetas y una tónica habitual: Garnett ignorando a Ray Allen, incluso en momentos en los que el escolta iba a buscarle directamente para saludarle.  

El último giro romántico a su carrera fue la vuelta a Minnesota Timberwolves. El tipo que odiaba perder regresaba al origen de todo. La nieve, el lago helado, el Target Center y una declaración después de disputar su primer partido tras su vuelta: “Me sentí como un rookie, no hay palabras.” Y ante eso uno se pregunta qué coño importa todo lo demás.             

Y así se va acercando el final de una leyenda, que ya se nos echa encima. No es precisamente Kevin Garnett uno de los jugadores más queridos de toda la NBA, más bien todo lo contrario. No está muy claro si el ala pivot de los Wolves permanecerá en la liga el año que viene pero estaría curioso saber si la reacción de las aficiones sería la misma que la que ha habido con Kobe Bryant.

Sea su retirada a finales de esta temporada o cuando acabe la siguiente, se hará muy necesario poner a Kevin Garnett en el lugar donde merece, bastante alto en el Olimpo del baloncesto. 

lunes, 2 de junio de 2014

La cotidianidad de un abuso.

Noche tras noche. Partido tras partido. LeBron James lleva dominando la NBA la friolera de 11 años. Algunos no lo quisimos ver y cuando lo vimos lo negamos hasta la saciedad. “No, no y no. LeBron es solo físico” decíamos cuando había demostrado por activa y por pasiva un control sobre el juego nunca antes visto. “No, no y no. LeBron se hace pequeño cuando el balón quema” argumentábamos cuando ya nos había dejado varios lanzamientos milagrosos, de esos que no se sabe como entran. Esas y otras miles de razones que saciaban nuestras ansias de buscar una excusa, saciaban nuestras ansias de no reconocer que un jugador de 2.03 y 113 kilos y que abusa en todas las zonas de la cancha de sus capacidades es un animal imparable. Pese a que conseguía los MVP con una solvencia insultante, teníamos a lo que agarrarnos. Los cero títulos y su show para ir a Miami, nos dieron aire.
  
Los no amantes de LeBron esperamos hasta el último momento para rendirnos a sus pies. Las finales de 2011 contra Dallas fueron una última liana a la que agarrarse en medio de un bosque que él ya había quemado hacía tiempo. El primer año de Bosh, Wade y LeBron jugando juntos en Miami acabó de la peor manera posible, con Dallas coronado como campeón cuando nadie lo esperaba y con un  James desesperado y decepcionado. Pero el de Akron se encargó de cortar la liana a la que nos agarrábamos muy pronto. Subió su nivel (si es que era posible) y disipó la rebelión de Durant y OKC para hacerse con su primer título NBA. La bofetada a sus críticos resonó en todo el mundo. La otra parte de la cara la recibió el año pasado cuando repitió anillo y MVP contra los veteranos, y a la vez tan jóvenes, Spurs.
    
Ahora, clasificado para su quinta final de la NBA, en busca de su tercer anillo consecutivo y con los bolsillos llenos de distinciones individuales nadie duda de él. No se puede. Le veo jugar y una sensación terrible me recorre el cuerpo: LeBron James ni siquiera juega al 100% en muchos partidos. Solo cuando lo necesita o lo que es peor, cuando le apetece. Aun así no le cuesta meter 30 puntos, coger 10 rebotes, hacer 8 asistencias o  dominar desde la defensa. Jamás, ni con mi adorado Kobe Bryant, he tenido la sensación de que si jugase todo el rato al tope de sus posibilidades, en 99 de cada 100 disputas no habría ninguna opción para el rival. Ninguna. Se ha instaurado en una línea de rendimiento de la que es difícil, por no decir imposible, verle bajar. Y tal vez eso es lo mejor que se puede decir de él. Se ha convertido en un reloj suizo que solo “falla” para marcar horas más altas: por ejemplo los 49 puntos en el cuarto partido de la serie contra Brooklyn.

Cuando empiece la final frente a los Spurs todas las cámaras volverán a estar pendientes de él, de cada movimiento, de cada tiro fallado o de cada músculo exhibido. No creo que le importe mucho, al fin y al cabo lleva siendo objetivo desde la juventud, desde que jugaba con su instituto y la NBA suspiraba por sus huesos. No ha debido ser fácil para él y tal vez de aquellos polvos vinieron los lodos en los que se metió cuando convirtió su futuro deportivo en un espectáculo televisivo.
   

Ahora, más de una década después de su llegada a la liga, ya se lo que pasó. Ya sé que es lo que me impidió disfrutar de él desde el momento cero. No estaba preparado para ver este tipo de dominio. No estaba preparado para ver el jugador total. No estaba preparado para ver como un jugador dominaba la liga de manera diferente a como lo habían hecho Michael Jordan y Kobe Bryant. No estaba preparado para entrar en una época de dominio 2.0. No estaba preparado para el baloncesto del futuro que LeBron James exhibe tan bien en el presente. Y en perspectiva me duele. Me duele porque no he disfrutado con los records de LeBron. Porque me he pasado más tiempo criticándole que disfrutándole.

Asi que supongo que siempre tendré a LeBron como una de esas relaciones difíciles de amor- odio.       

jueves, 8 de mayo de 2014

Klay y Stephen, ¿la mejor pareja tiradora de la historia?

Tengo 21 años y llevo algo más de una década siguiendo y viendo NBA. He crecido baloncestísticamente con Kobe y no con Jordan. Con O´Neal y no con Olajuwon. Con los Kings de Adelman o con los  Suns de D´Antoni. Mis primeros recuerdos de un gran tirador son de Stojakovic. Desgraciadamente no conozco ni la mitad de la historia de la NBA pero últimamente me ando y me andan convenciendo de algo que voy a exponer de momento en forma de pregunta: ¿son Klay Thompson y Stephen Curry la pareja de tiradores más elegantes y letales que han coincidido nunca en un mismo equipo? El escolta y el base titulares de Golden State Warriors han convertido en un arte la acción de tirar desde detrás de la línea. De todas las formas imaginadas e inimaginables ellos se levantan, disparan y la mayoría de las veces anotan.

Son como Zipi y Zape. Sobre Klay Thompson, el menos reconocido de la pareja ya escribí: “Levanta sus 201 centímetros de altura en absoluta extensión, sin ninguna duda que agarrote su cuerpo. No duden, si está solo es canasta”. Ver un tiro a cámara lenta de Klay Thompson es como si el espíritu santo te viniese a ver. La posición de su cuerpo es perfecta, en completa extensión mirando a su objetivo, la canasta. Sus brazos en posición y sus dedos gordos dibujando la L perfecta en el balón. La que enseñan en las escuelas. La que fabrica tiradores letales amen de horas y horas de práctica. Y para acabar la manita tonta que es el preludio del sonido de la red. Técnicamente en mi opinión  tiene el  tiro más puro que jamás he visto. Y los números refrendan que, además de elegante, es un excelente tirador:
  •      Klay Thompson tiene un 41% de acierto desde la línea de tres puntos en sus tres primeras campañas en la NBA.
  •      Es el jugador que más pronto ha llegado a los 500 triples en su carrera en la NBA (500 en 214 partidos).
  •      En sus tres primeras temporadas no ha parado de crecer en ese aspecto: 111 triples en la primera temporada, 211 en la segunda y 223 en la tercera.    

Y si el uno es Zipi, el otro es Zape. ¿Qué no se ha escrito de Stephen Curry? El chico de oro. El asesino con cara de niño. El jugador que puede meter el balón desde cualquier sitio de la cancha. Un chico que algún día pareció tener los tobillos de cristal y que hoy parece recubierto de oro macizo. Empecemos con los números esta vez:
  •        Stephen Curry ha metido 905 triples en su carrera.
  •        Tiene un 44% de acierto en sus cinco temporadas en la NBA y jamás ha bajado del 42% en toda su carrera.
  •        Tiene el record triples en una temporada.
  •        Es el único jugador que ha conseguido al menos 250 triples en temporadas consecutivas.

Un aluvión de récords y estadísticas que ni siquiera pueden hacer justicia a la clase de tirador que el genio de los Warriors es. Un tirador estratosférico que lanza con la misma facilidad al contraataque, después de salir de bloqueos o en la esquina cayéndose. Él se levanta con confianza de que el resultado va a ser muchas veces positivo. El arco perfecto pase lo que pase ante él. A Curry le podría caer Hibbert encima y su lanzamiento  seguiría rozando el cielo y bajando con nieve. Stephen Curry danza por la pista suave, sin hacer ruido salvo cuando acoge el balón en sus manos. Como cuando metió 54 en el Garden o cinco triples en el primer cuarto en partido de Playoffs ante los Clippers. Cada año mejor. Cada año más imparable. Curry ha crecido de la mano de Mark Jackson al que tenía en alta estima así que habrá que ver como sigue su crecimiento ya sin el ex jugador a los mandos de la franquicia de Oakland.   
        

Después de esta recopilación de datos y sensaciones solo me queda volver a hacer la pregunta: ¿son Klay Thompson y Stephen Curry la pareja de tiradores más elegantes y letales que han coincidido nunca en un mismo equipo? Yo digo sí.  

lunes, 31 de marzo de 2014

-Echando de menos a Kobe Bryant-

En el baloncesto, como en la vida, hay personas a las que amas u odias. Jugadores que despiertan en ti el más profundo rechazo o la más ferviente admiración. Jugadores a los que solo puedes desear que fallen y jugadores que desearías que jamás se retirasen. Y luego está Kobe Bryant. Ese chico ha sido amado por muchos y odiado por más, pero nunca ha dejado indiferente a nadie. Merecería la pena hacer una mini encuesta con la siguiente pregunta: ¿Cómo definirías a Kobe Bryant? Un chupón. Un genio. Un egoísta. Un ganador. Un competidor. Un chulo. Le gusta llamar la atención. Probablemente esas serían algunas de las respuestas y dejadme que os diga que todos tendrían razón. Kobe ha sido todo eso y más a lo largo de su carrera deportiva. ¿Cómo negar que ha sido un chupón cuando es el jugador de la historia que más tiros ha fallado? ¿Cómo negar que es un genio cuando ha metido 81 puntos en un partido? ¿Cómo negar que ha sido un ganador cuando tiene cinco anillos? ¿Cómo negar todo lo que ha sido Kobe Bryant? No se puede y no se debe porque Kobe es Kobe por lo bueno pero también por lo malo.

Yo le echo de menos y no lo puedo evitar. No hablo de números, hablo de sensaciones. La sensación de que siempre tiene algo que ofrecerte, una gota de esfuerzo, de calidad, de corazón. Siempre entrega algo cuando ya no esperas nada. No ha habido jugador que me haya encandilado como él. Reconozco que no he sido capaz de ver un partido entero de los Lakers desde que Kobe se lesiono y puede que cuando lo deje definitivamente tarde diez, veinte o treinta años en ver otro. Tal vez no vuelva a ver uno nunca, al igual que nunca habrá otro jugador como Bryant. Creo que soló tendré una cita obligada con los Lakers, el día que retiren su camiseta en el Staples.

Cuando se desgarró su tendón yo fui de los que recé por el oso. Kobe Bryant tiene esa cualidad. Te convence de que el problema lo tiene otro y de que tú solo tienes que confiar en él porque te llevará a la victoria o al menos te hará caer con la cabeza alta. Cuando volvió a caer lesionado cometí la inconsciencia de dudar de su vuelta. ¿Y quién no?  Tiene 35 años y un montón de pesada carga en sus piernas. Después le veo salir andando con el tendón roto y me vuelve a convencer. Ha ganado cinco anillos, ha sido MVP de las finales y de la temporada, ha sido All Star 16 veces y ha estado 11 veces en el mejor quinteto de la NBA. Puede hacer lo que le dé la gana porque tiene la carrera hecha. Pero volverá y será una suerte volver a verle aterrorizar defensas. Será una suerte incluso verle lanzar cuando no toca. Ah y una cosa. Eliminad de vuestra mente la frase “Kobe Bryant no volverá a ganar un anillo”. Con él nunca se sabe.

domingo, 2 de marzo de 2014

¿Y si le estuviéramos pidiendo demasiado de Ricky Rubio?

En los nueve años que lleva jugando al baloncesto profesional Ricky Rubio ha hecho soñar a mucha gente, tal vez a demasiada. Empezó  con los aficionados de la Penya, equipo en el que inició su vida deportiva y en el que empezó a demostrar todo lo que llevaba dentro de esa prodigiosa mente baloncestística. Continuó con los aficionados a la selección española que se enamoraron de su juego en los Juegos Olímpicos de Pekín, a donde acudió con 17 años aunque viéndole jugar pareciesen 27. E hizo soñar también a los seguidores del Barcelona equipo donde nunca terminó de cuajar porque el estilo de su entrenador no podía ser más alejado del suyo. Pero tal vez a los aficionados a los que ha hecho soñar más fuerte han sido a los de Minnesota Timberwolves, equipo que lo drafteó en 2009 en la posición número 5. Los fans de los Wolves le esperaban con los brazos abiertos pero entonces sonó el despertador… Ricky Rubio decidía no dar el salto a la NBA aún y se quedaba en la ACB fichando por el Barcelona.

“Bueno, Ricky Rubio se convertirá en una estrella en Europa y vendrá a Minnesota siendo casi una súper estrella”. Supongo que eso debieron de pensar en los Wolves una vez se pasó el primer golpe. Riiing Riiing. El despertador volvió a sonar. Rubio vivía una involución preocupante en el Barcelona, sobretodo en su segundo año, y mucho comenzaban a dudar de él. Aun así cuando Ricky decidió emprender su  viaje a la NBA, allí estaban los Wolves y sus aficionados para recibirle en el mismo aeropuerto de Minneapolis con honores de estrella y con aires de salvador. El Target Center se llenaba el 26 de diciembre de 2011 para ver el debut de Ricky frente a uno de los mejores equipos de la NBA, el Thunder de Oklahoma. Rubio se preparaba para  salir desde el banquillo y el alboroto se convertía en júbilo en el pabellón. Pases a pista abierta sin mirar, pases en ataques en estático que parecían imposibles, el efecto Ricky había llegado a Minnesota y disfrutaban aficionados, compañeros y él mismo. Los fans de los Wolves volvían a dormir a pierna suelta soñando con un esperanzador futuro, y con que la pareja Rubio- Love fuera el final de sus malos días. Pero si pensabais que el despertador de los aficionados de los Wolves ya no iba a sonar más estabais equivocados. Esta vez fue de la peor manera, en forma de lesión. Ricky Rubio se rompía la rodilla y su temporada de rookie en la liga acababa  de la peor forma posible. Empezaba entonces una larga recuperación que le haría perderse los que hubieran sido sus segundos Juegos Olímpicos y algo más que el inicio de su segunda temporada NBA. Su regreso se producía frente a Dallas Mavericks y el pabellón volvió a recibirle como un héroe, como una esperanza. Los Wolves no fueron capaces de clasificarse para Playoffs pero las sensaciones de Ricky fueron buenas para ser un jugador que salía de una lesión tan importante.

Ricky Rubio, Kevin Martin, Corey Brewer, Kevin Love y Nikola Pekovic. Ese era el más que buen quinteto que presentaban los Wolves a principio de la temporada 2013-2014 para su asalto a los Playoffs del Oeste. Un pívot poderoso en el juego de ataque aunque tal vez algo pequeño, un 4 que es una superestrella, un 3 y un 2 con muchísimas  cosas que demostrar y un Ricky Rubio que este año debía de dar un golpe encima de la mesa y crecer. Muy lejos ha estado la realidad de las expectativas creadas en el inicio de temporada tanto para Ricky como para el equipo. Minnesota ha sido un conjunto divertido de ver en ataque durante toda la temporada pero ha demostrado demasiados problemas defensivos y una dificultad increíble para ganar partidos mínimamente igualados. A nivel personal Ricky no está disfrutando de la temporada. Rara vez se le ha visto sonreír durante los partidos y sus apariciones en los Highlights, una marca de la casa, son cada vez más escasas. La presencia de Love, Pekovic, Martin y en menor medida la de Brewer le ha convertido en la cuarta o quinta referencia del equipo en ataque lo que no ha hecho más que perjudicarle. El convivir con referencias ofensivas de primer nivel ha hecho que muchas veces su papel se limite a subir el balón, entregarlo y rotar o lo que es peor todavía, a quedarse abierto esperando un tiro, algo que nunca ha sido su especialidad. Eso ha minado su confianza y se muestra cada vez más dubitativo. El paso adelante que debía de dar se ha convertido en dos pasos atrás.

Pero, ¿Qué se le puede pedir a Ricky? Creo sinceramente que todo a lo que llegue Ricky Rubio nos va a parecer poco, a mí el primero, pero también creo que él nunca ha engañado a nadie. Él siempre ha sabido lo que es. Un jugador que combina una visión de juego privilegiada con un mal tiro de media- larga distancia, un jugador con una velocidad de brazos increíble que le facilitan el robo de balón y unas lagunas defensivas que no puede esconder, un jugador que hace disfrutar durante el partido pero que desespera en el clutch time. Lo que ha pasado es que la magia ha cegado a nuestro raciocinio. Y Ricky tiene mucha magia que esperábamos que solucionase todos sus problemas. ¿Pensábamos que iba a lanzar en la NBA por encima  del 40%? Si. ¿Había alguna razón para pensar que podría pasar? No y mil veces no. ¿Pensábamos que iba a poder promediar 15-17 puntos por partido en la NBA? Si. ¿Había alguna razón para pensarlo? No. Lo único que tiene que hacer Ricky es volver a disfrutar con lo que sabe hacer. Correr, pasar, hacer feliz a la gente y ser descarado. Inventar el juego. Eso si que se lo podemos pedir porque lo ha hecho siempre de maravilla.