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viernes, 15 de abril de 2016

Vivir y morir así

A su manera.

La madrugada del miércoles al jueves se apagó la impresionante carrera de uno de los mitos del baloncesto, Kobe Bryant. 20 temporadas en las que los logros y los números marean por abundancia e importancia, pero en los que cabe destacar, por encima de todo, un detalle.


Kobe Bryant
Vivir y morir así. A su manera. El último partido de Kobe estará en la retina y en el pensamiento de muchos durante un largo tiempo. Tal vez para siempre. 50 tiros, 60 puntos (una de las mejores anotaciones de su dilatada carrera deportiva) y unos últimos minutos que parecieron guionizados por el mejor director de Hollywood.

Vivir y morir así. Dejándose el alma y el último aliento en la cancha. 45 puntos en su cuenta particular y una de sus hijas le pide 5 más, esperanzada en poder ver otro partido, el último, de 50 puntos de su padre. Como si fuera fácil esquivar los dolores, engañar al cuerpo y a la mente. Bryant sonríe, visiblemente exhausto. Pero deja 15 puntos más en la cancha hasta irse a los mencionados 60 y ganar el partido para sus Lakers. Literalmente.  

Con la marcha de Kobe Bryant despedimos a la imagen de una generación. Los veinteañeros y treintañeros lo sabemos. Bryant es nuestro Jordan. Y no hay más. Él nos enseñó el fadeaway, nos mostró que se podía ejercer un increíble e inimaginable control en una capacidad física al nivel de los mejores de la historia, nos hizo soñar con canastas a aro pasado, mates salvajes y tiros letales para vencer partidos igualados.

También nos hizo pellizcarnos. ¿81 puntos? 81 puntos.

A algunos les pareció que veían a la misma reencarnación de Dios. Aquella merecía ser considerada como la mayor exhibición ofensiva de la historia. Pero era algo más. Primero era la constatación de que Kobe Bryant era uno de los mejores jugadores de la historia. Segundo, y tal vez de esto nos hemos dado cuenta cuando ha ido avanzando el tiempo, la certeza de que pasaría mucho tiempo en volver a ver un partido semejante a nivel individual.  

Otros jamás lo entendieron. ¿81 puntos? ¿Cuántos tiros son esos? ¿Y los compañeros? Bueno, esos 81 fueron exactamente 46 tiros en aquella ocasión. Y ni siquiera ha sido el partido en el que más veces ha apretado el gatillo. El último partido de su carrera, contra Utah Jazz en el Staples, tendrá para siempre ese honor.

Los polos opuestos en los que ha vivido el escolta durante toda su carrera.
Y las reacciones y sentimientos surgidos tras su histórico partido contra los Raptors son una pequeña muestra de cómo los aficionados han reaccionado ante la trayectoria de Kobe Bryant. Se le puede amar o se le puede odiar. Pero jamás nos ha dejado indiferentes.

Porque Kobe Bryant ha sido odiado durante su carrera por todas y cada una de las aficiones rivales. No hay pabellón rival que Kobe haya pisado que no le haya recibido con música de viento y vibrante hostilidad. Pertenecer a los Lakers, que no es precisamente un equipo que despierte afinidades entre los aficionados rivales, ser capaz de hacer todo por ganar y la imagen de chico joven y malo que representó en los inicios de su carrera le jugaron una mala pasada a la hora de construir afinidades, incluso con sus propios compañeros.  

Y no, no le importó. 

Kobe Bryant ha desayunado, comido y cenado odio durante 19 temporadas. Alguna vez el menú era más fuerte, como cuando visitaba a los Celtics o alguno de sus encarnizados de la Conferencia Oeste y otras se daba un respiro con algo más ligero. Pero jamás dejó de alimentarse de ello.

Kobe Bryant
Hizo de ello su vida y lo hizo por un motivo. Sabía que era la mejor forma de ganar, único objetivo por el que vivía. Y como Kobe solo quería y veía la victoria, se tuvo que amoldar a las condiciones que se le presentaban para conseguirla.

Lo hizo siempre y es un aspecto de la leyenda poco reconocido.

Cuando tuvo que convivir en un equipo que no estaba capacitado para luchar por entrar en Playoffs en la Conferencia Oeste, Kobe Bryant asumió el mando de las operaciones a unos niveles desconocidos hasta ese momento. Fueron las mejores temporadas de Bryant en cuanto a minutos jugados y en cuanto a puntos anotados por partido. También fueron las peores si a las críticas de prensa y aficionados nos atenemos. Salvajes, por ejemplo, en cuanto a una supuesta alergia a pasar el balón en aquellos años.  

No niego que el Kobe Bryant post- O´Neal y pre- Gasol fuera un chupón. Solo afirmo que él simplemente estaba haciendo lo que creía necesario para acercar a su equipo a la victoria. Ni más, ni menos. Se llevara por delante a diez o a veinte, lo hacía.   

De aquella época merece la pena rescatar una anécdota que salía a la luz después de su último partido en Phoenix. Decía Kobe “les odiaba, me quitaron dos anillos”. Cualquiera que eche un vistazo a la plantilla de los Lakers se dará cuenta de la locura que es pensar en los Lakers como posibles candidatos al título. Tal era la confianza y determinación de Bryant en sí mismo, que confiaba en poder ganar el anillo.

Él siempre lo tuvo claro “Voy a hacer lo que se necesario para ganar partidos, ya sea en un banco agitando una toalla, entregando un vaso de agua a un compañero o acertando el tiro ganador”. Frases que describen perfectamente al jugador. 

Si hubiera que contar la cantidad de desencuentros con aficiones rivales, compañeros de equipo, entrenadores y jugadores rivales, habría que pedir varias cosas. Empezando por tiempo para recopilar y escribir todo y siguiendo por el dinero necesario para sacar a la venta los diez enormes tomos que habrían de ser publicados.

Porque si él inoculaba su veneno a los rivales como buena mamba negra, el bichito del baloncesto le tenía enfermo a él. Nunca conoceremos con exactitud la cantidad de compañeros que alguna vez se sintieron atacados o incomodados en una situación personal en la cancha de entrenamiento con Bryant. Mejor dicho, nunca sabremos si alguno de ellos se libró de tal trance.

Kobe Bean Bryant fue el peor compañero para aquellos que no poseían un muro de hormigón armado en su mente. Tal fue su pasión por la victoria que cierto día llegó a espetarle a un compañero que debía replantearse su carrera deportiva porque, sencillamente, no daba la talla. Medvedenko siempre ha sido el favorito en las quinielas sobre quién recibió dicho comentario. Smush Parker tampoco parece tener un buen recuerdo de su estancia en el vestuario de los Lakers.

Tampoco pudo congeniar con uno de los grandes con los que compartió vestuario. Sus problemas con O´Neal, jugador con el que compartió las mieles del éxito pero con el que no compartía la misma ética de trabajo, desencadenaron en el rompimiento de un equipo que difícilmente hubiera tenido comparación en las últimas décadas si las aguas no se hubieran salido del cauce.

Los compañeros con los que jamás tuvo un encontronazo se cuentan con los dedos de la mano.
Entre ellos se encuentra un Pau Gasol que supo entenderle a la perfección y además llegó a su vida y a su equipo en un momento en el que Bryant ya era mucho más maduro.


Kobe Bryant
Al final todo era más simple de lo que parecía. Quería ganar. La orgía anotadora individual en la que se vio inmerso cuando se quedó solo, no le llenaba. Simplemente no conseguía su objetivo. No estaba ganando. Pau fue la bendición. El español fue algo más que el cuarto y el quinto anillo. Gasol proyectó la mejor imagen del escolta al exterior. La hermandad, la camaradería, el compañerismo. Pau enseñó al mundo el líder que era Kobe. Detalles que no se habían visto nunca en el jugador nativo de Philadelphia.

Nunca sabremos si Kobe se arrepintió de firmar su lucrativo último contrato cuyo montante económico evitó el inicio de una reconstrucción más que necesaria después de la marcha de Pau Gasol. Sus últimos años estuvieron sin duda lastrados por ello y el equipo deambuló por los bajos fondos de la Conferencia Oeste.  

Esta temporada, aquellos que llevamos tiempo siguiendo y viendo la NBA hemos asistido a extraños acontecimientos a lo largo de ella. Como el agua se convirtió en vino, los abucheos se convirtieron en aplausos y las recepciones hostiles en vídeos de homenaje. Esta vez no fue ningún milagro. Solo miles de aficionados rindiéndose a una evidencia, que aquel al que tanto habían odiado, no podía ser más grande.

Ver el último partido de su carrera fue un regalo de los dioses. Los mismos que, seguramente, debieron tocarle antes de que saltara a la cancha. Es difícil asumir que la carrera de un ídolo ha acabado. Tan difícil que la llama de esperanza de que la retirada solo haya sido una broma pesada aún sigue viva en el corazón.  

Al fin y al cabo, yo recé por el oso. 

lunes, 30 de noviembre de 2015

Gracias Kobe

... por haber elegido el baloncesto.
... por hacer volar mi mente mientras tú volabas en la cancha.
... por hacernos soñar, ¿quien no se ha imaginado siendo Kobe Bryant en una cancha de baloncesto?
... por la manera en la que has amado el baloncesto durante todos estos años. Tú pasión por el juego ha llenado el corazón de millones de personas.
... por los tiros metidos pero también por los fallados. Bueno, sobre todo por los fallados, porque eran los que te hacían volver a tirar con más ganas.
... por salir andando de la cancha con una rotura en el tendón de Aquiles.
... por haber vencido al oso tantas y tantas veces.
... también por no haber sabido retirarte a tiempo.
... por anunciar tu retirada con el suficiente tiempo para poder disfrutar o sufrir tu última temporada en activo como realmente te mereces.  
... por las noches en las que veías el aro como una piscina pero también por las noches en las que sentías que el aro era una miniatura y que era imposible que el balón entrara.
... por la noche de los 81 puntos a los Raptors. Un partido de otro tiempo.
... por las incontables canastas ganadoras... y por las que fallabas empeñado en lanzar aunque hubiera 4 rivales encima tuya.
... por los imposibles escorzos a la hora de entrar a canasta.
... por formar parte de una de las dinastías del siglo XXI.
... por los duelos con LeBron James. Tan diferentes pero tan buenos ambos.
... por las peleas con Shaq. Debió ser divertido aquello.
... por los días de Navidad en los que se convirtió en una tradición ver una enorme actuación tuya.
... por haber permanecido fiel a una franquicia durante toda tu impresionante carrera. Es una de las cosas que más grande te hace.
... por haber intentado recordarnos a Michael Jordan en cada movimiento, en cada lanzamiento.
... y sí, por haberlo conseguido muchas veces.
... por haber sido tan bueno en ataque que se nos olvide esto: 9 veces en el mejor quinteto defensivo de la NBA.
... por aquel concurso de mates del 97. Y también por el mate a los Nets. Muchos años entre medias y la misma bestia.
... por ser la ´mamba negra` y por ser ´vino`.
... por todo lo que has provocado a nivel baloncestístico, periodístico...
... y por mil cosas más.

Imagen USA Today 



 
 


sábado, 18 de julio de 2015

¿El futuro sonríe a los Lakers?

Si. Después de varias temporadas transitando por el oscuro túnel de las derrotas y enlazando dos temporadas sin Playoffs por primera vez desde 1974-75 y 1975-76 la sonrisa vuelve a aparecer en el rostro de los seguidores angelinos, aunque  sea con precaución. No han sido estos años fáciles para la franquicia californiana. Después de alzar el campeonato en la 2009-2010 frente a los Celtics, no han vuelto a tener oportunidad de luchar por el campeonato, ni tan siquiera por el título de Conferencia Oeste. Tres estrepitosas caídas en Playoffs (4-0 frente a Dallas en 2011, 4-1 contra OKC en 2012 y el 4-0 que los Spurs le endosaron en 2013) antes de enlazar las dos temporadas sin presencia en postemporada que antes comentaba. En resumen, lejos de la excelencia en la que estaba instalada la afición del Staples.  

Para un equipo acostumbrado a ganar siempre, una pesadilla. La apuesta de juntar a Nash y Howard con Bryant y Gasol fue un auténtico fracaso al más puro estilo Payton+ Bryant+ Malone+ O´Neal. La edad y el físico de Nash y la madurez (por escasa) de Howard hundieron un proyecto que tenía muy buena pinta. A partir de ese momento todo fue cuesta abajo. Y sin frenos. El excesivo contrato de Kobe Bryant limitaba movimientos en los despachos y su repentina racha de lesiones graves limitaba el potencial de Lakers en la pista, además en el momento en el que la Conferencia Oeste más competitiva se tornaba. Perder a Pau Gasol en la agencia libre del año pasado era otro duro golpe en la línea de flotación.

Todo esto aderezado por la mala e ineficaz gestión del equipo por parte del entrenador D´Antoni y los rechazos continuos en la agencia libre por parte de las estrellas de la liga. Carmelo Anthony hace un año o Greg Monroe, LaMarcus Aldridge y DeAndre Jordan hace apenas semanas elegían otros destinos que les alejaban de Hollywood. La mala suerte no parecía tener fin. La plaga de lesiones se llevaba por delante a la elección de primera ronda del draft de 2014, la gran esperanza del año, Julius Randle que se lesionaba de gravedad en el primer partido de la temporada y era baja para todo el año.   


Años duros para los seguidores de los Lakers que parecen a punto de acabar. Lo primero que llama la atención de cara al futuro es que los Lakers pasan de tener más de 67 millones comprometidos en salarios esta temporada (séptimo equipo que más) a apenas 19 para la 2016-2017, lo que le dará una importante flexibilidad. Roy Hibbert, nuevo pivot angelino está en su último año de contrato y esta temporada recibirá 15 millones. Obviamente no los vale por su nivel de juego actual y eso es una ventaja para Lakers. Un buen rendimiento puede empujar a la franquicia a ofrecerle un contrato no muy excesivo al ex jugador de los Pacers, pero con su historial de irregularidad, el equipo tendrá que ser cuidadoso a la hora de apretar el gatillo. Pero sobre todo cuando esta temporada finalice, finalizará con ella el tóxico contrato de Kobe Bryant, 25 millones para 2015-2016 lo que supondrá un increíble descargo en las cuentas. 

El panorama pues, cambia y mucho. Jordan Clarkson parece estar consolidándose como un robo del draft y si confirma lo de la temporada pasada será un valor seguro para Byron Scott. Julius Randle es una bestia y seguramente la lesión en la pierna solo haya supuesto un retraso a la hora de demostrarlo y D´Angelo Russell, número 2 del último draft tendrá todos los minutos imaginables para demostrar que los Lakers no se equivocaron a la hora de elegirle por encima de Okafor. Y Larry Nance Jr. despunta en la Summer League con buenas armas físicas y defensivas.

Ellos parecen ser la base del futuro de los Lakers. Están en proceso de acabarse los tiempos de Kobe Bryant como rey de Los Ángeles Lakers por muy extraño que nos parezca. Si Kobe decide continuar jugando más allá de esta temporada muy probablemente renueve por el equipo con un salario de bajo impacto que permita a la franquicia buscar agresivamente a los mejores agentes libres disponibles, la asignatura pendiente en los despachos de California en los últimos años. El objetivo número 1 parece que debe ser claramente Kevin Durant, que si decide salir de OKC tendrá una larga lista de equipos dispuestos a firmarle. Los Lakers tienen el dinero necesario para ser uno de los favoritos a hacerse con él.

Queda lo más difícil. Hemos visto miles de reconstrucciones quedarse en el camino  y la de los Lakers por supuesto puede ser una de ellas. Sin embargo cuenta con tres aspectos importantes a la hora de construir un proyecto ilusionante: Talento joven en la plantilla, dinero suficiente para invertir en agentes libres y el encanto indudable que tienen como franquicia. A los fans de los Lakers les empieza a salir una media sonrisa. Probablemente dentro de poco se convertirá en entera.

 

lunes, 2 de junio de 2014

La cotidianidad de un abuso.

Noche tras noche. Partido tras partido. LeBron James lleva dominando la NBA la friolera de 11 años. Algunos no lo quisimos ver y cuando lo vimos lo negamos hasta la saciedad. “No, no y no. LeBron es solo físico” decíamos cuando había demostrado por activa y por pasiva un control sobre el juego nunca antes visto. “No, no y no. LeBron se hace pequeño cuando el balón quema” argumentábamos cuando ya nos había dejado varios lanzamientos milagrosos, de esos que no se sabe como entran. Esas y otras miles de razones que saciaban nuestras ansias de buscar una excusa, saciaban nuestras ansias de no reconocer que un jugador de 2.03 y 113 kilos y que abusa en todas las zonas de la cancha de sus capacidades es un animal imparable. Pese a que conseguía los MVP con una solvencia insultante, teníamos a lo que agarrarnos. Los cero títulos y su show para ir a Miami, nos dieron aire.
  
Los no amantes de LeBron esperamos hasta el último momento para rendirnos a sus pies. Las finales de 2011 contra Dallas fueron una última liana a la que agarrarse en medio de un bosque que él ya había quemado hacía tiempo. El primer año de Bosh, Wade y LeBron jugando juntos en Miami acabó de la peor manera posible, con Dallas coronado como campeón cuando nadie lo esperaba y con un  James desesperado y decepcionado. Pero el de Akron se encargó de cortar la liana a la que nos agarrábamos muy pronto. Subió su nivel (si es que era posible) y disipó la rebelión de Durant y OKC para hacerse con su primer título NBA. La bofetada a sus críticos resonó en todo el mundo. La otra parte de la cara la recibió el año pasado cuando repitió anillo y MVP contra los veteranos, y a la vez tan jóvenes, Spurs.
    
Ahora, clasificado para su quinta final de la NBA, en busca de su tercer anillo consecutivo y con los bolsillos llenos de distinciones individuales nadie duda de él. No se puede. Le veo jugar y una sensación terrible me recorre el cuerpo: LeBron James ni siquiera juega al 100% en muchos partidos. Solo cuando lo necesita o lo que es peor, cuando le apetece. Aun así no le cuesta meter 30 puntos, coger 10 rebotes, hacer 8 asistencias o  dominar desde la defensa. Jamás, ni con mi adorado Kobe Bryant, he tenido la sensación de que si jugase todo el rato al tope de sus posibilidades, en 99 de cada 100 disputas no habría ninguna opción para el rival. Ninguna. Se ha instaurado en una línea de rendimiento de la que es difícil, por no decir imposible, verle bajar. Y tal vez eso es lo mejor que se puede decir de él. Se ha convertido en un reloj suizo que solo “falla” para marcar horas más altas: por ejemplo los 49 puntos en el cuarto partido de la serie contra Brooklyn.

Cuando empiece la final frente a los Spurs todas las cámaras volverán a estar pendientes de él, de cada movimiento, de cada tiro fallado o de cada músculo exhibido. No creo que le importe mucho, al fin y al cabo lleva siendo objetivo desde la juventud, desde que jugaba con su instituto y la NBA suspiraba por sus huesos. No ha debido ser fácil para él y tal vez de aquellos polvos vinieron los lodos en los que se metió cuando convirtió su futuro deportivo en un espectáculo televisivo.
   

Ahora, más de una década después de su llegada a la liga, ya se lo que pasó. Ya sé que es lo que me impidió disfrutar de él desde el momento cero. No estaba preparado para ver este tipo de dominio. No estaba preparado para ver el jugador total. No estaba preparado para ver como un jugador dominaba la liga de manera diferente a como lo habían hecho Michael Jordan y Kobe Bryant. No estaba preparado para entrar en una época de dominio 2.0. No estaba preparado para el baloncesto del futuro que LeBron James exhibe tan bien en el presente. Y en perspectiva me duele. Me duele porque no he disfrutado con los records de LeBron. Porque me he pasado más tiempo criticándole que disfrutándole.

Asi que supongo que siempre tendré a LeBron como una de esas relaciones difíciles de amor- odio.       

lunes, 31 de marzo de 2014

-Echando de menos a Kobe Bryant-

En el baloncesto, como en la vida, hay personas a las que amas u odias. Jugadores que despiertan en ti el más profundo rechazo o la más ferviente admiración. Jugadores a los que solo puedes desear que fallen y jugadores que desearías que jamás se retirasen. Y luego está Kobe Bryant. Ese chico ha sido amado por muchos y odiado por más, pero nunca ha dejado indiferente a nadie. Merecería la pena hacer una mini encuesta con la siguiente pregunta: ¿Cómo definirías a Kobe Bryant? Un chupón. Un genio. Un egoísta. Un ganador. Un competidor. Un chulo. Le gusta llamar la atención. Probablemente esas serían algunas de las respuestas y dejadme que os diga que todos tendrían razón. Kobe ha sido todo eso y más a lo largo de su carrera deportiva. ¿Cómo negar que ha sido un chupón cuando es el jugador de la historia que más tiros ha fallado? ¿Cómo negar que es un genio cuando ha metido 81 puntos en un partido? ¿Cómo negar que ha sido un ganador cuando tiene cinco anillos? ¿Cómo negar todo lo que ha sido Kobe Bryant? No se puede y no se debe porque Kobe es Kobe por lo bueno pero también por lo malo.

Yo le echo de menos y no lo puedo evitar. No hablo de números, hablo de sensaciones. La sensación de que siempre tiene algo que ofrecerte, una gota de esfuerzo, de calidad, de corazón. Siempre entrega algo cuando ya no esperas nada. No ha habido jugador que me haya encandilado como él. Reconozco que no he sido capaz de ver un partido entero de los Lakers desde que Kobe se lesiono y puede que cuando lo deje definitivamente tarde diez, veinte o treinta años en ver otro. Tal vez no vuelva a ver uno nunca, al igual que nunca habrá otro jugador como Bryant. Creo que soló tendré una cita obligada con los Lakers, el día que retiren su camiseta en el Staples.

Cuando se desgarró su tendón yo fui de los que recé por el oso. Kobe Bryant tiene esa cualidad. Te convence de que el problema lo tiene otro y de que tú solo tienes que confiar en él porque te llevará a la victoria o al menos te hará caer con la cabeza alta. Cuando volvió a caer lesionado cometí la inconsciencia de dudar de su vuelta. ¿Y quién no?  Tiene 35 años y un montón de pesada carga en sus piernas. Después le veo salir andando con el tendón roto y me vuelve a convencer. Ha ganado cinco anillos, ha sido MVP de las finales y de la temporada, ha sido All Star 16 veces y ha estado 11 veces en el mejor quinteto de la NBA. Puede hacer lo que le dé la gana porque tiene la carrera hecha. Pero volverá y será una suerte volver a verle aterrorizar defensas. Será una suerte incluso verle lanzar cuando no toca. Ah y una cosa. Eliminad de vuestra mente la frase “Kobe Bryant no volverá a ganar un anillo”. Con él nunca se sabe.

martes, 20 de noviembre de 2012

La nueva vida de James Harden.


James Harden era traspasado pocos días antes de comenzar la temporada de OKC a Houston en un traspaso en el que Kevin Martín era el principal jugador que hacia las maletas hacia Oklahoma. Harden comenzaba la temporada de manera estratosférica con 37 y 45 puntos ante Detroit y Atlanta y Houston saldaba ambos partidos con victoria en un sorprendente inicio probablemente llevado por la sed de venganza hacia su vieja franquicia. Ahora con 8 partido mas jugados aparte de los ya mencionados tenemos mas datos para conocer el verdadero nivel que esta dando James Harden en su nueva etapa como jugador franquicia de un equipo.

James Harden ha sido factor clave en las 4 victorias de su equipo (4-6). Ha sido capaz de promediar 33 puntos en las victorias contra Detroit (en dos ocasiones), Atlanta y New Orleans. Pero por encima de ese enorme puntaje ha sido más importante su porcentaje de acierto en estos partidos. Contra Detroit tuvo encuentros de 56% y de 43% de acierto en tiros de campo, marcó un máximo en contra de Atlanta con un 74% y tuvo un 50% New Orleans. Para entender lo importante que ha sido el tema de los porcentajes en tiros de campo para él en este inicio de temporada comprobamos que solo en una de las 6 derrotas de Houston James Harden tuvo un porcentaje en tiros de campo mayor al 40%.
 
James Harden no esta teniendo dificultades para anotar principalmente por la cantidad de tiros que esta asumiendo. Desde el primer partido no ha dudado en asumir el papel de líder acorde con su nuevo contrato, algo que es sin duda de halagar. Además no esta recibiendo mucha ayuda de sus compañeros. El dubitativo inicio de temporada de Jeremy Lin (apenas 10 puntos por partido y 7 asistencias) no deja dudas en los equipos rivales sobre quien es el jugador a defender. Y eso le crea especiales problemas a James Harden. Tomamos como ejemplo el partido contra Memphis Grizzlies, en el que Harden tuvo su peor porcentaje en tiros de campo de la temporada (22%). James Harden jugó 41 minutos de los que coincidió en 21 con Tony Allen. En los 21 que coincidió con un defensor de perímetro de élite como Tony Allen apenas pudo anotar 4 de los 18 con los que acabó. En su descargo merece la pena volver al poco apoyo que le brindan sus compañeros. James Harden era bien conocido en OKC por su capacidad para dividir hacia afuera después de penetrar a canasta. Sin embargo Houston no llega este año ni al 30% de acierto en tiros de 3, lo que limita en cierto modo esa posibilidad.
 
En cierto modo James Harden esta teniendo una temporada “Kobe Bryant”. No el Bryant que estamos viendo este año, pero si el que vimos en su cuarta, quinta y sexta temporada en la liga. Recordemos que James Harden entra ahora en su cuarto año. Kobe Bryant promedio en el combinado de los tres años mencionados unos 25 puntos por partido, tuvo un porcentaje del 30% en triples y superó con dificultades el 45% en tiros de campo, además de superar las 5 asistencias y los 5 rebotes. Las estadísticas de James Harden en este inicio de año son parecidas a las que tenia Kobe Bryant por aquellos años. Veremos si su progresión sigue por el mismo camino que siguió la de Bryant. Si es asi, Houston tendrá crack para muchísimos años.